La Pena de Alfonso

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Minha casa não é minha
E nem é meu este lugar
Estou só e não resisto
Muito tenho pra falar*

Fernando Brant

Las lluvias de verano arrastran ramas, que caen muy circunstancialmente ante los automóviles. Algunas veces destruyen craneos y muy pocas veces se llevan a un niño no conocedor del ventarrón , que debajo del copo de un gran árbol furioso que sale entre las calles de Belo Horizonte, presume lo resguardará por momentos. La lluvia reducida a lapsus pero con unas estrambóticas fuerzas, rompe paraguas, y en la mañana, mientras tomo el bus al trabajo veo cuan tan acostumbrados salen al centro de la ciudad. La gente se acopla, el ómnibus suda por dentro. La gente carcome un disgusto de lunes y otros mastican el consuelo de viajar y no estar, conectado a un aparato diminuto. Poco conozco de estas personas, muy pocas me han sonreído en el trascurso de este mes. Creo que a partir de las doce de la mañana los mineros, como son, salen a la luz de las horas e intentan hablar hasta sofocarse entre ellos mismos. Yo atento me consuelo con descifrar algunas palabas, en ver lo dificultosos de una persona obesa al traspasar el filtro mecánico que permite ingresar totalmente al ómnibus. Nadie habla, no existe la radio dentro. Un silencio sepulcral, y la gente risada, maquillada hasta con un centímetro de productos, salen y se dispersan.

Vuelvo a repetir, mi permanecía casi invisible, me permite analizar cosas que para ellos son necesarias que sean estáticas.

Ayer por ejemplo, extrañaba el libro de Dante que deje a medio leer. Me arrepentí llegar cansado, no tener ni fuerzas para comer. Y enterrando entre remordimientos lo que imaginaba sería mi vida de escritor, me rebalse de  melancolía y los sancudos vienen a succionarla.  Pienso y recuerdo lo que he leído sintiéndome tan desactualizado, perdido, analfabeta, en un grado de estupidez límite. Y con la congoja me levanto, presumo que el agua me restablece, me miro al espejo y cuentos como aumentan los pelos blancos en mi barba. No escribo, no leo, pero en el bus completo las historias que nunca pude terminar de leer. Consuelo de tontos escritores.

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En vida en esta ciudad es un juego contra la gravedad. Hay que ser fuerte para no ser poseído por esa fuerza que determina que estés inmovilizado. Y todo lo quieto, se pudre y fructíferan gusanos, gusanos blancos, instantáneamente. Todos los tenemos desde que venimos a la vida. Siento este poder gravitatorio en la estación de buses, tangentes del viaducto. Los mendigos transitan pesadamente, o se dejan caer, los bichos están en ellos como en nosotros. Pero mucho más latentes, comenzado a degustarlos. Algunos luchan barriendo sus espacios de una manera conmovedora, pero los gusanos se ven en sus ojos. Los árboles que se encuentran en los alrededores crecen más verdes, al desintegrarse ellos en su paso trajinoso , la tierra, las raíces salvajes los van buscando como conductos para restablecerse. Esas grandes plantas de la Plaza Siete, son mendigos ya adormitados que se elevan en nuevos tallos y flores que tratan tontamente de superar algunos rascacielos.

 

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La avenida Alfonso Pena, tiene cierta agilidad, tiene un proceso, un sistema. Trabajadores consumen sus cafés, se mueven para alcanzar un ómnibus, van comenzándose a hablar. Los mendigos casi se susurran. Incluso pueden hasta gritar. Los trabajadores añaden lo que el deniega el insuficiente idioma y se apoyan con sus manos, con sus ojos. Los estudiantes mastican injustamente una rutina que va entrando a modo de juego. Los viejos, quisieran gritarles ¡abandonen todo! ¡No estudien! ¡No hagan lo que se supone!, ¡aléjense de esta calle! ¡No aprendan a sumar y menos a restar!, ¡no revivan con el futbol o el carnaval! Pero callan por la vergüenza de haber sido cobardes en sus tiempos. Los jóvenes presuponen y asumen que así debió ser. Cogidos a los asientos del bus, revisan compulsivamente noticias en los aparatos implantados en sus manos, los ancianos se consuelan con el paisaje y ponen cara de circunstancias. Y es Alfonso Pena regular, real, una avenida real que, germina, crece y decrece a lo largo de la vida. Aquí por el trajín del trabajo, la muerte solo rosa a los caminantes. Los gusanos blancos quisieran salir por sus zapatos. Pero los trabajadores y estudiantes obnubilados por los relojes de entrada y salida del trabajo o la escuela, logran zafarse y mantenerlos prendidos a sí mismos. Las plantas son pequeñas. Las palmeras equidistantes deben un cuidado de muchos años, y es cosa de la alcaldía mantenerlos. El cemento y los pisos irregulares, son las huellas de hombres que mirándose a los pies se preguntaron si había otra opción.

 

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Yo bajo en Plaza Tiradentes. No hablaré de los condominios, de los espacios sofisticados en donde la gente ha logrado no moverse pero aun así no morir por los gusanos. No es un espacio, es un no lugar. Lo artificial y lo tecnológico permite perpetuarse y hacen de las casas, bellos artilugios de cristal muy grueso. Los arquitectos fantasearon en hacer bellos ataúdes de exagerado cemento, y el hedor de esa laguna es insoportable.

No conozco, pero tengo la certeza que no es lo más alto del recorrido.

He sentido lo más alto, observando a las hormigas gigantes, o descifrando figuras en el cielo decolorado. En una noche escuchando conjuntamente a las cigarras, las cataratas, las piedras moverse, hasta en el brillo de las estrellas, en las cavernas secas, allá en el interior, en el desierto verde fuera de la ciudad. En hablarme lo necesario y sin adornos de un desconocido.

El bus no sé si llegará, si la tracción de su motor permite subir la montaña, aligerarse. Ahí no existe gravedad, estoy seguro y los gusanos tienen sus propios gusanos en potencia. Allí abajo, en la Rodoviária y aquí en Alfonso Pena se intenta un orden, copiado; allí, arriba donde fructífera el caos incomprensible para nuestros ojos con la capa del tiempo, el horizonte tiene un fin, lo bello es escalofriante, horrible para esta realidad.

* Mi casa no es mía
 Y ni e mío este lugar
 Estoy sólo y no resisto
Tengo mucho que hablar

 

Por : Miguel Ojeda Huaynalaya ; abril en Belo Horizonte.

Picaflor de los Andes: ¡Astronauta!

Pues la música siempre expresa exclusivamente la quintaesencia de la vida y de sus acontecimientos, no estos mismos, por lo que sus diferencias no siempre forman parte de ella.

Arthur Schopenhauer.

EL MUNDO COMO VOLUNTAD. Y REPRESENTACIÓN

El impacto de la conquista espacial por parte de las grandes potencias mundiales, trastocó el marco cultural en áreas tales como la pintura, la poesía y la música. En esta última, específicamente en la figura del astronauta como el nuevo navegante es una recurrencia en las principales muestras artísticas musicales en el siglo pasado. Ciertamente existe una fecha clave;  16 de julio de 1969. El espectáculo televisado plantaría nuestros límites, la posibilidad física de observarnos diminutos fuera de nuestro azul planeta. Los navegantes  huyendo del hambre que en el pasado atravesaron el atlántico, ahora enrumbarían  al espacio y los astronautas, vanguardia en la que reposa el intelecto y la fortaleza física , hombres en los cuales  ciertas frases retumbaron  ante aquella generación y quedarían grabadas en la historia. Recuérdese a Gagarin y la exclamación: “No veo a Dios aquì

Las novelas de ciencia ficción de igual modo irían generando un ambiente promisorio en donde el cosmonauta sería el templario del siglo pasado. Tanto los años sesenta y setenta  suscitaron un punto de inflexión, y es en la música , con la  irreverencia de no querer ser como los padres,como quedó demostrado en el mayo 68, se apropiaría del viajante espacial como metáfora  de la trasgresión, de el autoconocimiento con  los narcóticos muy en boga y rechazar la continua tensión nuclear que diera fin a todo lo que conocemos.

Ya en canciones como Into the void de Black Sabbat en el año de 1971  se expresaría :

 

Past the stars in fields of ancient void

Through the shields of darkness where they find

Love upon a land a world unknown

 

Más allá de las estrellas en los campos del vacío antiguo

A través de los escudos de  la oscuridad ellos encuentran

amor en una tierra de un mundo desconocido

Un deseo bucólico- espacial y el deseo de  hacerse con el silencio estelar ,dió un hipnotizante material de composición para Pink Floyd en el año 1967 y en la canción Astronomy Domine expresaría  aquel espacio etéreo en donde los planetas se presentan como alucinaciones sanadoras:

floating down, the sound resounds  around the icy waters underground.  Jupiter and Saturn, Oberon, Miranda  and Titania.

 flotando abajo el sonido resuena alrededor de las heladas aguas subterráneas. Júpiter y Saturno, Oberon , Miranda  y Titania.

En el disco No One’s Gonna Change Our World del año 1969, los Beatles nos hacen partícipes de la conectividad de ideas científicas, viajes espaciales, y la sutileza de la auto-reflexión oriental en la canción Across the unviers.

sounds of laughter shades of life are ringing through my open ears exciting and inviting me limitless undying love which shines around me like a million suns it calls me on and on across the univers 

jai guru deva om

nothings gonna change my world

 sonidos de risas, sombras de la tierra vienen a mi mente incitándome e invitándome infinito e inmortal amor que brilla a mi alrededor como un millón de soles que me llaman y me llaman a través del universo

 jai guru deva a om

 nada va a cambiar mi mundo

 

El componente moral y psicológico en la canción de David Bowie Space Odditty del año 1969, detalla una travesía desbordada en donde la soledad y la comunicación con el mundo.

 

 This is Major Tom to Ground Control I’m stepping through the door

And I’m floating  In a most peculiar way And the stars look very different today

 

Aquí comandante Tom a control en tierra,  estoy atravesando la puerta

y estoy flotando de una manera muy peculiar. Y las estrellas se ven muy diferentes hoy.

El grupo the Byrds, con la canción Mr. Spaceman en el año 1966 manifiesta lo inquebrantable de la observación y contemplación del astronauta en el espacio.

 

Woke up this morning with light in my eyes

and then realized it was still dark outside

It was a light comin´down from the sky

I don´t know who or why

Must be those strangers that come every night

Whose saucers shaped light put people up tight

Leave blue green footprints that glow in the dark

I hope they get home all right

Me levante hoy de mañana con la luz en mis ojos

Y percibí que todavía estaba oscuro allí fuera

Era uma luz descendiendo del cielo

Era una luz descendo do céu

No se quién o el porqué.

Deben de ser aquellos extraños que vienen toda noche.

Cuya luz en forma de disco deja a las personas perturbadas

Dejan pegadas verdes y azules que brillan en la oscuridad cuyo luz en forma de disco deja las personas perturbadas

Espero que lleguen ellos bien a casa

En la canción Space Truckin? del año 1971 , el grupo Deep Purple describe aquel viaje astral y el entenderse fuera de una patria común, el mundo y el viaje del cosmonauta que permite solo a las emociones dar sentido a todo.

 

We had a lot of luck on Venus.

We always had a ball on Mars.

We met all the groovey people.

We’ve rocked the Milky Way so far.

We danced around with Borealice.

We’re space truckin’ round the the stars.

Come on, let’s go Space Truckin’.

Remember when we did the moonshot

and Pony Trekker led the way.

We’d move to the Canaveral moonstop

and every naut would dance and sway.

We got music in our solar system.

We’re space truckin’ round the stars.

Come on, let’s go Space Truckin’.

 Tuvimos mucha suerte en Venus.

Siempre tuvimos buena diversión en Marte.

Hemos rockeado por toda la Vía Láctea. Estuvimos bailando con Borealice. Somos un transporte espacial por las estrellas. Adelante, vamos Transporte Espacial. Recuerda cuando hicimos el espectáculo en la Luna y Pony Trekker abrió el camino.

Habíamos ido a la parada lunar Cañaveral y todos los cosmonautas danzaban y se balanceaban. Tenemos música en nuestro sistema solar. Hacemos un transporte espacial por las estrellas. Adelante, vamos Transporte Espacio

Finalmente en el año 1975 , Serenade de Steve Miller centra su lírica en la percepción  del tiempo  y las posibilidades infinitas de entenderla.

Did you see the lights As they fell all around you? Did you hear the music?

A serenade from the stars

Wake up Wake up Wake up and look around you We’re lost in space

And the time is our own

 ¿Viste las luces  mientras caían a tu alrededor? ¿Escuchaste la música?

Un serenata desde las estrellas.

Despierta,despierta, despierta

y mira a tu alrededor, estamos perdidos en el espacio, y el tiempo es nuestra posesión.

Las influencias en la rama del rock, primordialmente norteamericano dan testimonios de la conquista espacial en las artes, específicamente la música. Pero es llamativo encontrar un testimonio en la capital de una provincia peruana, rondando los años setenta, en un género folclórico y de un sincretismo extraordinario, vinculando las  vicisitudes de un hombre  provinciano y su arribo a la luna, utilizando el  huayno, en aquel género precolombino, como estandarte.

Victor Alberto Gil Mallma (1928-1975), conocido en el ambiente vernacular de la música peruana como Picaflor de los Andes, nació en Ayacucho pero asentado en Huancayo es donde proyectaría sus composiciones y sus voz como manifestación  andina, de migrante, de proletario , de identitario y de romántico. Es en una de sus canciones: Luna lunita, donde condensaría  lo insólito de la llegada de un hombre cargado con sus ideologías a las cercanías de tal satélite.

Es en el disco Siempre Huancayo, con fecha 1975; siendo la última canción del lado A,  Luna lunita llegará a ser la perspectiva de un hombre andino engranado a la novedad de los vuelos espaciales, especialmente  desde la nave Apolo.

Luna Lunita

Tawa, kinsa, iskay, huk (4, 3 , 2, 1 en quechua)

Viaje a la Luna

Luna lunita ahora eres mía

ya no hay misterio sobre tu vida

luna lunita ahora eres mía

ya no hay misterios sobre tu vida

 

Mucho he sufrido antes de conocerte

mucho he llorado antes de conquistarte

 

-Picaflor de los andes astronauta-

-El huayno-

 

Soy astronauta de amor inmenso

como el espacio de nuestro cielos

soy astronauta de amor inmenso

como el espacio de nuestro cielos

 

Luna lunita

Amakta pukllashayki( no juegues con migo), hay selinita

amackta wañushanki (no me hagas sentir dolor)

 

Hasta las estrellas te envidian mama quilla

cuando pasaba con Apolo me llamaban

¡uija!

 

La música y su implicación antropológica

La música, desde su autonomía, debía constituirse en una fuerza transformadora o, por lo menos, reveladora.(HERNANDEZ, 2013)

Diego Fischerman afirma que: (sobre la música) se trata de una forma de expresión cuyo desarrollo puede observarse en todas las culturas y en todas ellas “la palabra cantada (el sonido entonado) no es igual que la palabra”; de allí su lugar central entre las formas de expresión cultural. (LOPEZ, 2019)

La músicas elaboradas son así una cantera estupenda de análisis, en donde circunscribirse tanto a las letras como a la tonalidades enriquece la etnografía antropológica. Ciertamente  no todos manejamos los instrumentos musicales que especificarán el estudio; hablamos de acordes, composición, estructura, etc. Pero  restringirse a la letra de las canciones no disminuye  el abordaje hermenéutico de la canción.

Señalar claramente que en la antropología  lo destacado ha sido tomar la música popular como muestra eficiente de estudio. Con ello que lo popular en el término musical, sea un componente de ideologías, que consignado a una determinada sociedad son viables a l examen; adhiriéndose a los trabajos de Raymond Williams y de Stuart Hall. (LOPEZ, 2019)

La investigadora Irene Lopez, citando a  Paul Ricoeur afirma que “...la música popular es un tipo particular de artefacto cultural que provee a la gente de diferentes elementos que tales personas utilizarían en la construcción de sus identidades sociales. De esta manera, el sonido, las letras y las interpretaciones, por un lado ofrecen maneras de ser y de comportarse, y por el otro ofrecen modelos de satisfacción psíquica y emocional.” (Vila, 1996) (LOPEZ, 2019)

La música, metáfora que expresa lo individual, de igual modo lo individual dentro de lo social, repercute en aquella “identificación” ; enmarcada en los motivos placenteros de lo que nos gusta y  aquel que nos gusta que interprete dicha canción. (LOPEZ, 2019) Sin omitir con ello factors  que poco a poco han cobrado mayor protagonismo  en la elaboración de una pieza musical popular, tales como : la discografía, las radios,  los fanáticos musicales.(LOPEZ, 2019)Y es aquella, y como lo señala Irene López; el vínculo entre el creador las personas que interpretan el sentido de la música elaborada, como amasijo  valioso de información.(LOPEZ, 2019)

En el caso específico de Luna Lunita, bien otras áreas  como la etnomusicología podrían concentrarse en definirla, y que al contar no sólo con la letras, sino que ser ella misma una expresión folclórica de baile y de ritualización familiar íntimo como lo sigue siendo en el Valle del Mantaro mostraría grandes aproximaciones.

La música en torno a su experiencia,  increpa sobre los factores emocionales de los oyentes. Las canciones así son una forma de albergar dentro de nuestros cuerpos ritmos y tonalidades.(LOPEZ, 2019)Fundamentado lo acaudalado de información entendida en las letras de las canciones populares podemos sondear más la interpretación. Por ello que  ceñirnos a  Simon Frith y su libro Ritos de  la interpretación; sobre el valor de la música popular  y sus tipos  de funciones desprendidas de una correlación social de aceptación o rechazo; específicamente en lo identitario, nos permitirán llegar a  buen puerto tratando de abordar  Luna Lunita, canción del picaflor de los Andes.

La música como respuesta identitaria

 El Picaflor de los Andes hace suyo el discurso migratorio en muchas de sus canciones  migració. Ese leitmotiv: de Huancayo a Lima; de Lima al mundo y del mundo al espacio, es clara al tratar de entender la identidad del personaje; Picaflor de los Andes, astronauta. El hombre que ha conseguido transgredir territorialmente cualquier limitante y si bien no sabemos cual es la intención del viaje, podemos rastrear el impulso ante  la travesía.

Aquella identidad andina percibida en el verso: Hasta las estrellas te envidian mama Quilla. Considero este fragmento henchido de  la cosmovisión andina ante la gran familia de los astros; el padre sol, la madre luna y las estrellas como nuestras hermanitas. Extraordinaria la ficción engendrada por Alberto Gil. La  llegada del hombre andino a la luna,  ese Hanan Pacha donde los designios influyen en todos los ambientes de su vida. Muy similar pero claramente reducido en envergadura de lo expresado en la poesía Oda al Jet de José María Arguedas: ¡Abuelo mío! Estoy en el mundo de Arriba/sobre los dioses mayores y menores/ conocidos y no conocidos. O puestas teatrales como Astronautas de Jorge Castro; en donde ucrónicamente tres astronautas son reclutados en el gobierno de Velasco Alvarado a fin de hacer dicha peripecia.

Aquella identidad social idiomática; tanto español como en quechua, en la  necesidad del astronauta nativo andino al momento de recibir  las directrices de su viaje: Tawa, kinsa, iskay, huk (4, 3 , 2, 1 en quechua)/Viaje a la Luna. Y su respuesta íntima  ante lo colosal del paisaje encontrado: Amakta pukllashayki( no juegues con migo), hay Selinita/amackta wañushanki (no me hagas sentir dolor). Así el Picaflor de los Andes , en palabras de  Mendivil : Supo además domar el español y ajustar sus frases musicales a una nueva métrica, además de insertarse en forma de producción capitalista, al llegar la modernización el el siglo XX e introducirse en el estudio de grabación(MENDIVIL, 2004)

Denominarse “ Picaflor de los Andes, astronauta”, en sí mismo  amplifica una percepción identificatoria sobre el picaflor(archilochus alexandri); una ave diminuta  de rápidos vuelos y muy  tomado en cuenta como el alma de un bebé  fallecido a temprana edad en la percepción de los andes. Esta ave excede su  límite terrenales y  se hace con el espacio digamos etéreo-simbólicamente.  Una metáfora sobre el anima de una cultura tradicional que no apetece reducirse y extiende sus fronteras, adicionando ese largo proceso que se concibe el entender en la cultura andina (yachay): Mucho he sufrido antes de conocerte.

Finalmente la relación amorosa entre el astronauta  y la Selenita, es una claro ejemplo de la complementariedad andina entre lo femenino y lo masculino. Si ben la luna requiere ser conquistada,  exige una temática de conocimiento, de dominio, en donde el sufrimiento es una posible arista. Un Leidenschaft alemán en donde la pasión acarrea también padecimiento : Mucho he llorado antes de conquistarte

¿Un Huayno tradicionalmente  Moderno?

Podemos decir que la canción del Picaflor de los Andes: Luna lunita corresponde a un periodo donde el huayno a dejado su semblante tradicional y a tomado la posta por acontecimientos a escala global.

“La tradición es contra lo que desea los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que niegan para renovarla y enriquecerla. La matan los que quieren muerta y fija.( Mariátegui 1979: 117) (FRITH, 2001) Así de consistente es el juicio que tenía el amauta sobre la innovación y  el contrasentido de grupos diversos. Así la tradición se comporta como necesaria para definir lo moderno del huayno.

Para  Steven Feld, la importancia reside en la experiencia social y relacionalmente a la del oyente en donde se ve expresada la tradición. (FRITH, 2001) Intensificando el comentario Feld increpa que lo novedosos  se da en el quiebre de nuestra propia historia auditiva, acarreando un tipo de extrañamiento dándose lo no tradicional. Necesario sería un estudio de pobladores que hacen suyos los huaynos tradicionales y evalúan la canción Luna lunita.Efectivamente la pieza musical mantiene la estructura sonora típica de un Huayno ( no me remitiré a ello en este artículo) y transgrede la temática poética  de los huaynos comúnmente conocidos.

No sabemos como José María Arguedas  asumiría la canción del Picaflor de los Andes con relación a la tradicionalidad andina. Lo cierto es que José María Arguedas entendía al Huayno: en el ella (el wayno antiguo) se concentra en la mùsica y la moderna en el texto(MENDIVIL, 2004)

Es Arguedas aquel que resalta la impronta del Huayno y su potencia tradicionalista e incólume:  el wayno ha sido poco alterado, mientras que las letras evolucionan con rapidez y han tomado formas infinitamente diversas, casi una forma para cada hombre. El indio como el mestizo de hoy, como hace cien años, sigue encontrando en esta música la expresión entera de us espíritu y todas sus emociones…. Y los waynos nuevos, que empiezan a aparecer como obras de compositores populares conocidos, son en verdad variaciones de los temas clásicos( Arguedas, 1977: 7-8) (FRITH, 2001)

Por su parte  Roel Pinedo siempre resaltó ese  lado tradicional del huayno en su performance  íntima, fuera del alance de extirpadores que persiguieron otros estilos musicales  precolombinos.  Por ser expresadas, estos ùltimos, en multitudes y con un afán ritual y simbólico a diferencia del huayno.. (FRITH, 2001)

Notorio es que en el siglo pasado , se inicia o se concretiza una industria cultural, que trata de hablar, mediante el huayno todo lo que le acontece. No es por ello alegórico que el propio Picaflor de los Andes tuviese temas tales como El futbolista.Los elementos foráneos, es decir en el sector lírico serían asimilados, mientras lo sonoro iría en una marcha lenta y paulatina Contraponiendo lo dicho por Mendivil donde establece:. La música es el factor más tonadizo del huayno, mientras que la innovación del texto se repliega a un  nivel secundario… (MENDIVIL, 2004)

Con ello puedo decir que el tema de Picaflor de los andes, Luna lunita se encaja  como “híbridos de estructura fundamental abierta” (MENDIVIL, 2004). Un tránsito espléndido entre lo tradicional y lo moderno, pero que aún carece de una experimentación sonora que posibilite desplegarla como premonitora y como germen de otra temporalidad. Luna lunita es así un umbral que intenta proyectarse a un clasicismo andino referido al huayno; un género que pueda ser entendido tanto en la urbe como en la más alejada comunidad del Valle del Mantaro.

Como menciona García Canclini:  no existe dicotomía entre modernos y tradicionales, sino que  estos últimos están entrando  y saliendo constantemente de la modernidad, así como los modernos precisan de la tradición para legitimarse. (MENDIVIL, 2004)

Bibliografía

AGUILAR, E. A. (22 de 03 de 2018). Trabajos de Titulación udla. Obtenido de Trabajos de Titulación udla: http://dspace.udla.edu.ec/handle/33000/8581?mode=full

FRITH, S. (2001). Hacia una estética de la música popular. La culturas musicales: lecturas de etnomusicología, 413-436.

LÓPEZ, I. (2019). Consideraciones en torno a la canción como objeto de estudio. Jornaleras, 1-14.

MENDIVIL, J. (2004). Huaynos híbridos: Estrategias para entrar y salir de la tradición. Lienzo, 27-64.

HERNÁNDEZ, D. (2013) Theodor Adorno, elementos para una sociología de la música. Sociológica, año 28, número 80, pp. 123-154

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Luna Lunita-Picaflor de los Andes

Miguel Huaynalaya

Belo Horizonte , 2018

Leidenschaft

 

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Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

Génesis 2:7

No requiero escrribir este escrrrito. A lo más, podría condensarse en una especie de divagaciones silenciosas en una habitación completamente oscura en donde   lo más  importante en ese momento sea el sonido de las patas de los millones de insectos, que no observamos por su pequeñez, pero como Dios, están ahí. Este fragmento que deberá tomar algunos minutos condensar, hacer aquel juego de asimilarlo en tu mente, amoldarse en tu pensamiento, no debería existir. Los recuerdos son una gota en al cual se condensa todas las posibilidades. Mi historia es  una minúscula materia que posee gravedad y es en el texto donde por ahora tiende a caer repetidas veces. Estas palabras por si mismas son los fenómenos de su expresión más vulgar. Ni el mejor escritor podría describir los hechos, llegar  hacia alguna esencia, rascar ni si quiera la piel del entendimiento. Porque el en centro, en lo más cercano al yo de una anécdota, está la oscuridad fría de la sinrazón.

Yo me veo libre, pues ahora soy polvo. En esta gran sala en la cual resido ahora. Pues en este estado de polvo sólo es la visión y el silencio de mi yo y el mundo. La celda en la cual pase más de treinta y cinco años, fue peculiar. La libertad debe ser comunicada. Soy libre y sigo comunicándome con migo mismo. Soy libre pero  soy preso de mi pensamiento. Soy eternamente condenado a mis palabras que en las pesadillas, porque aún se sueña en mi condición, tiene otro efecto, más purificador. A veces me conmuevo con la palabra, por ejemplo digamos: burbuja. Si llorar en mi estado de polvo es moverme menos con las corrientes de aire, he caído pesadamente en mí mismo, disgregando más polvo. Pero cuando era hombre, y no polvo. La palabra, sigamos con la misma: burbuja, tan raramente salió de mi boca.

No comentaré porque estuve apresado. Fui condenado justamente. Una vez vi una entrevista a una anciana, preguntándole sobre aquella cosa que extrañaría más en el mundo al morir. La viejecita contesto señalando el cielo que serían las estrellas y el pasarse el tiempo buscando alguna forma en ellas. Esa anciana, tan distante de mí, probamente en una ciudad lejana por su modo de hablar, se parecía a mí. Dos cosas fueron las que me quebraron el corazón al ingresar a la celda: no ver más las estrellas y no saber si ya había muerto aquella anciana por la que hubiera dado todo por conocer. Existen muy pocas personas que valen querer en el mundo.

Esa celda húmeda olor de perro mojado, lo comento pues tengo el poder de sentirlo con mi nariz- ocasionaba que estornudara hasta taparme las orejas, hasta producirme jaquecas, hasta casi explotar las venas de mis ojos. Bueno, aquella celda tenía una gran filtración en la pared que a nadie le interesaba a pesar de mis continuas quejas. Esta, con los años, recuerdo que fuera en el año quince en mis cuentas, quebró una gran parte de la pared. La celda informalmente construida en la ladera de una pequeña montaña, me permitió  en unos días, casi fueron tres semanas, ilusionarme el imaginar quizás que se pudiera expandir más y más hasta que finalmente  pudiera escapar. Tantos años encerrado y tenía una ilusión. Soñaba con la anciana continuas noches.

Pasaron meses y la filtración continuó, haciéndose un gran agujero en el cual pude entrar casi a la mitad. Una noche intente traspasarla y desilusionado me di con la montaña, aun más húmeda.  El carcelero me dijo sarcásticamente, que  si quería podría seguir escavando, que el mismo me daría una pala para el trabajo. Esa noche me soñé como un ratón dentro de un gigantesco queso.

La consistencia de esa montaña me llamo la atención. Arcillosa y de un color tenuemente rojizo. Pasaron unos dos años hasta que se me ocurriera arrancar un gran pedazo y otros meses más para espaciarlo en mis manos a modo de juego y sentirlo en mis  dedos. Al año de interesarme  por la arcilla, comencé a hacer pelotitas, cuadrados, pequeños triángulos. Recuerdo al lector que fue ese único pedazo arrancado el que utilice  siempre.

Su liviana magnitud en mis manos me permitió hacer paulatinamente cruces, cilindros. Formas básicas que fueron deviniendo en cosas mucho más complejas. Nubes, pequeñas cucarachas que entraban en mi celda. Algunos otros insectos que nunca sabré  sus nombres. Finalmente extraer de aquella memoria de preso formas humanas. El carcelero encontró una vez a un pequeño niño hecho en mis primeros intentos. Sorprendido pidió se lo regalara, o que hiciera otro para él. Opte por romperlo y dejarlo consternado.

Años que reacia las mismas formas con ese pequeño pedazo de arcilla. Miles de personas que tenía en mi memoria. Mascotas que tuve, hijos, esposa, madre, abuelos, amigos. La persona que maté y por la cual estaba encarcelado. Años y años haciendo figurillas. Los carceleros que cada cinco años iban cambiando seguían asombrándose por  mi trabajo. Incluso el alcaide al ver la calidad de mis trabajos pidió mostrar mi talento al ministro. Negándome, tomaron fotos de ellas pero nunca permití acercarse a mi pedazo de arcilla. Quebraba, las pulverizaba y volvía a comenzar. Ofrecieron  replantear mi condena si hacia el trabajo fuera de mi celda. Pero sabía que  el mundo había cambiado tanto como para integrarme a ella. Que la anciana ya había muerto. Era otro mundo, los hombres eran una especie que  ya no podría entender.

Los últimos años, y a cuestas un mal respiratorio me impidió incluso sentarme en el suelo donde acostumbraba trabajar, echado en cama ahora recreaba toda mi memoria en las formas. Plantas, la forma de las olas del mar extinguiéndose ante una piedra. La luz en la mañana ante el lomo de un perro; el cielo atravesado por una ave solitaria. La forma del miedo de una hormiga al ser pisoteada, la alegría de una anciana por haber olvidado todo. El dolor de un ceramista condenado a hacer figurillas.

Nunca había logrado hacerme a mí mismo con la arcilla. Extraviada era mi forma, mi rostro. No pude verme en el reflejo del agua en aquella tasa casi completamente oxidada, en el plato de madera  donde recibía mis alimentos. Pero una mañana me soñé  observándome en un gran espejo pulido hecho de arcilla. Pude levantarme a duras cuestas esa mañana. Recordábame mi rostro, mis manos, las venas de mi cuello, los lunares de mi espalda; la caries en uno de mis dientes. Realice mi trabajo. Terminada mi obra,  la acerque a mí, sople levemente en ella, dejándola finalmente puesta en la mesa. Al poco tiempo comencé a asfixiarme y caí al suelo, ahogado, morí viejo, sintiéndome liviano.  Ahora lector, el tiempo se bifurca aquí. Un segundo de oscuridad y soy el muñequito, puesto en una vitrina en una gran museo. Discuten si usarán las mejores técnicas para mantenerme  por varios años. Al fin,  una mujer experta señala que cualquier intento de mantenerme por más tiempo sería mi desaparición. Me colocan en un cubo de  vidrio revestido. Viajo, llegó a  otro gran museo. Muchos hombres me rodean, toman fotos, me señalan mientras susurran. Pero voy desintegrándome. Cada partícula soy yo y soy tan pequeño que es posible salir de la urna de vidrio que me contiene. Vuelven  los expertos a ver como me extingo como un reloj de arena. Plantean nuevas técnicas de conservación. Pero sigo deshaciéndome. No instantáneamente, pero los años corren. La mota de polvo que ha intentado contarte la historia es una de las millones de ese fragmento arcilloso que pudo salir y flotar, una  que cautiva a artistas, a personas comunes, a los extras de toda historia. Esa partícula de arcilla que por ejemplo entro a  este escritor melancólico para intentar narrar algo. De seguro en otro escribano la historia hubiera tenido un matiz distinto .Quizás se diría en su escrito que es el carcelero  y no el preso el que quedo retenido en la cerámica. O ser contado con un tamiz humorístico entre dos amigos en medio de una gran ciudad, o en la forma en que un niño cuenta su pesadilla a su abuelo a fin de calmar sus temores. ¡Bah! , incluso en un joven creando la trama perfecta de un nuevo videojuego.

Dibujo: Miguel Ojeda Huaynalaya

Autor: Miguel Ojeda Huaynalaya

João Guimarães Rosa- José María Arguedas

¡Cómo se murió mi amigo Guimarães Rosa! Cada quien es a su modo. Ese modo de escribir sí que no da lugar a genialidades como las de don Julio, aun cuando sean para
utilidad y provecho. Guimarães me hizo una confidencia en México, mientras yo me sentía más “deprimido” que de cotidiano, a causa de una fiebre pasajera. No he de confesar de qué se trata. Pero, entonces, sentí que ese Embajador tan majestuoso me hablaba porque había,como yo, “descendido” hasta el cuajo de su pueblo; pero él era más,a mi modo de ver, porque había “descendido” y no lo habían hecho “descender”. Luego de contarme su historia, sonrió como un muchacho chico. Ningún amigo citadino me ha tratado tan de igual a igual, tan íntimamente como en aquellos momentos este Guimarães; me refiero a escritores y artistas; ni Gody Szyszlo, ni E. A. Westphalen, ni Javier Sologuren, menos aún los extranjeros notables. Algo… el Pepe Revueltas, aunque de otro modo. Guimarães no parecía mordaz, no parecía haber aprendido eso. La mordacidad la he conocido en los escritores inteligentes y enfadados. A esa altura no llegamos, creo, quienes estamos muy amagados por la piedad y la infancia.

El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo.

memorias [VIDEO]

lliu yawar

Encerrados en una habitación surreal, los tres grandes actores sociales de la dura época de guerra interna peruana plantean, defienden y justifican sus discursos sobre justicia y paz. Producido por el departamento de Antropología Visual de Lliu Yawar, “memorias” es un cortometraje que desde metáforas de alteridad, problematiza el proceso de reconciliación nacional.

Memorias para la reconciliación nacional.

FICHA TÉCNICA:

Escrito y dirigido por Miguel Ojeda

Cámaras y fotografía: Boris Lazo
Sonido: Yhon León-Chinchilla
Vestuario: Madelyn Mucha

Reparto
Militar: Luis Delao
Subersiva: Ángela Hospina
Campesina: Kelly Carrasco

© Departamento de Antropología Visual de Lliu Yawar

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Poema 2

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En Lima me enamore de una linda mujer

que me atormentaba con dulces

cosía mi chompa jaloneada en algún clavo

y me bordaba sus costumbres

tan silenciosamente

que me parece ahora que nunca existió

/Nos afligíamos en invierno

y al primer indicio del sol

escapábamos a su azotea

sacrificando alguna chirimoya

/Aquí en Lima me olvide de ella

la desocupé de mi libros

de mis manías

de mis logarítmicas maneras de vivir

/Existen muchas lindas mujeres

igual de testarudas

igual de lacónicas

nunca la misma Lima

en donde ella pueda rebrotar.

Por Miguel Ojeda.

EL COLOR DILUíDO DEL ALMA

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Desde la ventanilla del tren, ella parecía la última golosina abandonada en un ordinario frasco de vidrio de un almacén de pueblo.

Yasunari Kawabata “ Pais de nieve”

Golpeada esta mi barca. Elevada está. Cuando las olas rasguñan sus límites, están llegan a la madera y en su coyuntura todo es tan normal. Si te lo dijera: me siento saboreado, semi deglutido pero nunca expuesto a lo infinito del mar. ¡Acelera robot! Mi sudor se confunde con algo de esta espuma; ella, amarrada a si misma  se goza en su indiferencia no-mortal, sin dolor. ¿Soy el único que tengo sentimientos en esta  embarcación?

1

Aquella noche, en el bosque de grandes rocas, ahuyenté la  desidia de mis manos que a lo sumo se vengaban de las flores y estrujaba las hierbas  como si todo: las estrellas, la tierra fuera un libro de fórmulas sin posible resolución .Tanta necesidad de adherirme a un sentido, a un contenido que acompasará mi corazón, de volver la temperatura a mis manos y sofocar las palabras en mi boca en un tono más liviano. Las manos, las uñas y en las uñas  tierra oscura. La pena que no calcula  sus intensidades destructivas tomo todo en un pequeño radio de acción. Qué sentido tendría haber  dejado en mi furia unos gusanos expuestos y una   única  flor de cantuta.

Flagelado por el silencio, zigzagueo mis paso. Soy un muerto andante gritoneado por las antorchas  de ese cielo frígido que apestaba a nada. La tierra  asolada desde siempre con la muerte, parecía sinsabor, seca. Mi sangre se había mantenido fría  y a pesar de conocer a sus verdugos. ¿Por qué  se me era indiferente rodearlos con mi navaja por el cuello y escuchar su intento  de insuflarse de algo de aire mientras la sangre se baseaba por sus esófagos y atoraban sus tráqueas? Existen personas dadas a la respuesta. Existo yo que dialogo el cual me podría atacar a mí mismo, hasta desconocer a mis manos y maravillarme cogiendo mi corazón aún caliente; como una trucha escamada de laxa indiferencia.

Y con ese silencio  miré  a lo lejos el tumulto de piernas de aquella cofradía. Congoja de niños imantados a las manos de sus madres, de ancianos llevados de la misma manera. De jóvenes, distanciados quizás por algunos pasos generacionales, entre artefactillos conectados a sus sienes que los movilizaban  torpemente en la realidad. Todos ellos llevaban  tu cuerpo empolvoriado  por químicos  que reconfortaban a las narices, susceptibles ya del hedor. Y en el aire unas naves surcando el cielo. La guerra seguía discontinuamente y una muerte, la tuya por ejemplo, era una pequeña comisura en el rostro de la gran muerte.

2

El pequeño  robot que me seguía a lo lejos, había captado mi decisión de esfumarme de la única vida que tenemos. De negarme a razonar contra lo real de la vida .Sabía su intención de actuar a cualquier amenaza contra mi cuerpo, así que apresurado me di un corte que podría decirse albergaba impacto. No era un corte, era un golpe directo a mi cuello.

En  el mismo espacio de piel que Silvia posaba su lengua mientras yo como un ciego la buscaba con mis manos, tratando de que sus brazos me permitieran darme cuenta que de sus brazos me ayudaran a darme cuenta de las dimensiones de las mías. Ese golpe de muerte  me hizo ingresar a  una realidad cinematográfica .Unir una escena en la cual veo a la pequeña copia humana dándome auxilio y conectarla inmediatamente en aquella  habitación llena de devotas y canónicas letanías. Diríase en el tiempo real unos cuantos minutos, en mi mente, largos años. EL curandero del pueblo pedía mi reposición a la realidad mientras el  pequeño robot dispersaba hojas de achicoria  encima de mi cuerpo. El curandero bisbiseaba un rezo y exigía al robot lo siguiera; este hacia mucho más claro las plegarias del anciano que había dejando su postura al verme entre abrir los ojos. Fue  a instigar las llamas haciendo del ambiente de la  habitación algo placentero. Mi cuello   aún abierto pero con ya controlada de la hemorragia me impedía mover la cabeza. El anciano quemo unas hojas de eucalipto en un pequeño recipiente, hasta hacer  cenizas fraganciosas.

Pidió al robot le ayudara a  ponerse erguido, ante la dificultad de sus piernas ya débiles. Esparció las cenizas en mi cuello aún húmedo y acomodándolas con los dedos sello la gran herida e impidiendo ya  la salida de la sangre en mínimas cantidad  de mi alma. El anciano cerro mis ojos y pidió al robot pronunciara los rezos  con mayor fuerza .Volví  a perder la conciencia, pero mi corazón  regreso a su propio ritmo. Sentía sus palpitaciones en mis labios, en mis pómulos, logré tener una erección que me perturbo un poco pues no tenían nada que ver con el sueño que iba macerando: entre bloques de roca grises autoacomodadas, estas  lograban llegar a un estado hacían líquidos frío en un espacio entre rojizo y gris. Lo aterrador no eran las formas si no el sonido ensordecedo. Goteos de las solidificaciones ya liquidas  se asemejaban a gritos de furia, de éxtasis, de dolor.

Cuando el pequeño robot me despertó, hincó mi herida produciéndome un poco de incomodidad. Recordé  al anciano aun en el suelo , logrando notar algunas fotografias colgadas en la pared .

La gran amistad de mi padre con el anciano  desde mucho antes del inicio de la guerra. Ellos trabajaron juntos en la fábrica de  ensamblaje de partes robóticas;  las piezas  mandadas por  la gran potencia del sur a fin de contrarrestar los ataques por tierra de las milicias  que cargados con naves y tanques iban superando lo agreste de la geografía.

El anciano y mi padre fueron los primero en entenderse con los seres robóticos. Los  ponían en la vanguardia de la batalla a fin de reducir las bajas de los pueblos azotados. Como toda guerra, ahora viviamos años de una constante tensión. Entre incursiones de encapuchados que  preferían los cuchillos como un  goce despiadado a fin de ahorrar sus preciadas balas. Entre lapsus de calma se nos permitió utilizar a robots en trabajos agrícolas, que se familiarizaran con el paisaje, que fueran depositarios de historias de los más ancianos , ante el temor de ser olvidados por las generaciones. Dormían en las puertas de las casas. Algunos caminaban perdidos en los linderos de los pequeños valles, como venados impregnados de temor o curiosidad. En esta calma momentánea habían aprendido a no molestar o ser molestados. Eran consultados, pues al ser almacenadores de información, todos acudían a ellos para saber si alguna yerba era venenosa, si mirando al cielo podrían saber si se acercaba la lluvia; si podían descifrar algún mal sueño.

Descargaban ellos estos datos almacenados sólo al uso de los pobladores ya previamente  reconocidos, a fin de no servir al enemigo. Terminada las cuestiones se iban impertérritos  a caminar por el pueblo, esperando servir a alguien de algo.

 

3

Silvia había sido  arrojada por la pendiente. Antes los milicianos habían encontrado sus cabellos, su piel, sus ojos merecedora de deshonra. Rompieron sus ropas. Se permitieron darse un orden  y penetrarla sucesivamente. Otros cuidaron darse ante algún robot que se diera el lujo de actuar contra ellos. Ahogada con sus clemencias, pensaron en un primer momento que moriría ante tal brutalidad sexual, pero respiraba muy bien. Todos ellos ya a gusto  encontraban inservible su cuerpo. Raptarla y llevarla a su campamento sería muy arriesgado.  Arrestándola con pequeños y diminutos gemidos por sobre las hojas de menta, sobre la tierra húmeda, sobre infinitas hormigas, la lanzaron al precipicio. Una roca se interpusiera pocos metro antes de llegar al suelo, estallando su rostro como una fruta demasiado madura..

Fue encontrada espantosamente destruida. Algunos robots habían notado la entrada de los milicianos y reconstruyendo los videos captados, logramos ubicar su posición. Mi poblado me había exigido que por ser yo su amante fuera el que liderará una expedición y trajera a por lo menos uno de ellos para luego enterrarlo en la tierra, dejando sus cabezas libres hasta que por sucesivos caballos destrozaran sus craneos. Una restitución corpórea aclimataría  y daría tregua y valor a fin de reencausar  y planear un ataque más contundente.

Negado a cualquier actitud, había preferido ser yo la victima de tal restitución.

Sin mí, las tradiciones del pueblo a excepción de la venganza habían continuado ante la exaltación por la muerte de Silvia. Esperado el día  de luna llena, su cuerpo podría por fin tocar la tierra. Este contacto con la profundidad produciría el olvido de todos nosotros e iría haciendo diluirse el color de su alma impregnada quizás en nuestros sueños. La muerte para nosostros era un final total.

Al verlo  en el lindero de la puerta, recordé como el  anciano y mi padre compartieron  el gusto de reunirse en casa, de narrar historias que exigían al robot almacenar. Estaban ellos  muy ligados a las plantas, a las rocas, a los sonidos que muy pocos prestaban atención en este mundo. Aquella vez en que el anciano hacía referencia al mar en la cual existe la esperanza me agitó a mi corta edad. Se me viene a la mente su explicación frente a mi padre, acompañándose de sus manos en el aire para explicarse y  sus ojos iban rebalsando  lágrimas. Cuando supuse  tomar mayor atención, mi padre alcanzo las manos del anciano y  mirándolo con los ojos de  piedad quedaron en un silencio abrupto.  Ahora todo esto retumbaba en mi demacrada posibilidad de entender las cosas. Hice un esfuerzo para ser escuchado. Llamando la atención del pequeño robot que gritó el nombre del anciano.

-¿Dónde es ese lugar donde existe la esperanza?, le dije, sintiendo cuan pesada era cada vocal en mi boca.

-Descansa hijo, es necesario recuperarte. La cara del anciano se tiño de lúgubre desconsuelo, como aumentándole  diez años más desde la última vez que lo vi. Salió de la habitación y me quede con el robot.

-Dime robot ¿conoces el lugar llamado esperanza?

-Lo conozco; dijo sin antes haber suspirado hondamente.

-¿Qué de esperanzador tiene ese espacio?, pregunté.

-Puedes volver a la vida lo muerto

-¿Sólo Personas?

-Personas, animales, plantas, recuerdos, días, experiencias.

-¿Conoces cómo llegar? Me costaba cada vez dejar salir alguna palabras.

-Conozco la ubicación

-¿Puedo revivir a Silvia?

-Puedes.

-¿Existe algún impedimento?

-Que el cuerpo de la muerta no toque  la tierra antes de la luna llena.

-¿Puedes ayudarme a ponerme en pie?

-Puedo, pero no avanzaríamos ni cuarenta pasos y el anciano nos lo impediría.

-¿Cuándo  es la  próxima luna llena robot?

-Dentro de cinco días

¿Cuánto debo esperar para recuperarme?

-En cuatro días  albergarás alguna fuerza.

-Recuérdame  robot el día, susúrramelo.  No comentes nada a digas.

-Entendido

Déjame dormir robot.

 

4

Mi madre me había estado buscando. La vi en la casa del anciano y como siempre sus ojos lo atravesaron, haciéndolo un ente  trasparente. Ella fue directamente al robot. Increpándole de preguntas sacio su curiosidad. Me llevo a casa. Apoyándome en ella y del robot, miré al anciano que miraba a mi madre  como suplicante y nos alejamos rumbo a casa. Llegado a casa pregunté a mamá sobre su frialdad ante el anciano, y ella respondió como siempre lo hacía: ¿De qué anciano me hablas?

Muy de madrugada, el pequeño robot ingreso a mi habitación. Susurrándome me dijo: Estoy listo, es el momento. Me incorporé  es sus brazos fríos y salimos sin causar ningún inconveniente.

Le ordené robar el cuerpo de Silvia. Suspiró como si de aire viviera y se apresurar en conseguir el cuerpo. Yo esperaba mientras tanto en la arboleda donde solíamos encontrarnos por la tarde con Silvia. Recordaba cuando le  ayudaba a trepar con el fin  de conseguir algunos frutos rojos posibles en las  partes más altísimas; recordaba también la vez que  pude ver más allá de sus muslos, del intento mío de agachar la mirada, de negarme a observar sus muslos, del instante en la cual mi sangré invadía mis pómulos y aceleraba mi corazón. Consolada con algunos frutos en sus manos, descendió lentamente hasta tenerla a mi altura .Con algunos frutos en la boca, la bese y mi lengua busco algún rastro de aquella pulpa purpura, consiguiendo un fragmento.  Seguí buscando, rosando sus dientes, haciendo en algunos casos  de mi lengua un ente autónomo que saliese de nuestras bocas y mojara los labios hasta quizás llegar un poco de sus comisuras. El fruto rojo nos dejo manchados como si hubiéremos los dos utilizando rubor, como si hubiéramos devorado juntos  a un animal y tener estampados las huellas de nuestro crimen. Mientras tanto nos inmiscuíamos y nos ahogábamos entre respiraciones acompasadas.

Ella puso mi mano sobre su ombligo y como impulsándola, la dirigió al sur. La dejo hasta las finuras de su falda, como si yo tuviera que encargarme de aquella incompleta tarea. Pero mis manos sudadas y temblorosas quedaron  retenidas hasta una hirsuta aglomeración de vellos en donde me detuve y ella, conociendo mi indecisión la dirigió tenazmente a un ambiente húmedo y caliente en donde lejos de besarme, sólo atinó a mirarme y soltar pequeños gemidos. Tendida en el pasto, mis dedos se volvieron mi  primer sentido, distraídos por momentos al sentir su lengua mojando mi cuello donde ahora cenizas de hojas de eucalipto impedían que me desangré.

El pequeño robot la trajo envuelta y al notarlos salir  con esa luna que estaba a punto de completarse, me puse de pie y dirigí un poco recuperado el camino a la playa. Trátate de mantenerme distante al robot y al cuerpo. Sentía un no sé qué en la barriga que me pedía estrujar mis tripas y al mismo tiempo una sequedad tremenda en la boca.

Llegados a la playa, cogimos la barca de uso cercano, pues por disposiciones del pueblo nada moderno puede posarse en el lugar de cosecha de peces. Con el robot rompíamos ahora la regla. Mandé al robot subir él y el cuerpo a la barca. Ordené después narrase el lugar exacto a donde deberíamos llegar. Suspiro, como si iniciara un programa complejo en su mente, miró la bastedad del mar y las estrellas. Finalmente su boca expulsó  la voz de mi padre y del anciano es una conversación antigua en la cual discutían del lugar llamado esperanza.

-Explicame el lugar (voz de mi padre)

-Cinco horas, el mar unido al cielo, la luna dibujando sendas líneas  hasta hacer un gran circulo de plata. La sangre se entumecerá. Los peces  expandirán su fosforecencia. Deja el cuerpo , sumérgela. Los peces se sentirán atraídos del cuerpo, de la planta, del animal que deseas restituir a la vida. Se sentirá mucho más frio. Los mismos peces, florecentes  se alocarán, besarán el cuerpo. Reconfortarán su cuerpo, se harán cargo de ello. Saca la materia muerta , deposítala en la barca. Mantén un silencio y un rechazo a posar los ojos con lo vivo. No la toques. No caigas  en la tentación. Déjala en tierra, espera que sea vestida en casa. Luego podrás observarla a tu gusto.

Antes de guardar en silencio, volvió a suspirar. El robot remaba con una potencia inconmensurablo. Llegaremos en menos tiempo respondió, ante mi pregunta de cuánto faltaba. La luna llegaba a su cenit y yo miraba el rastro dejádo en el mar. Las burbujas se extinguían, morían. Todo a mi alrededor vivía y moría, ese equilibrio permitía conocer este momento, este ahora. Las palabras que utilizamos también están referidas a estos tiempos, seguramente con nuevas palabras conoceremos otras vidas. Más que las cosas son la manera como las llamamos, como tratamos de encerrarlas en nuestras cabezas. Silvia es una cosa que tiene sólo un nombre en este mundo, en este tiempo; si conociera su nuevo nombre, de seguro reviviría, se erguiría ante mi llamado en cualquier circunstancia.

Golpeada esta mi barca. Elevada está. Cuando las olas  rasguñan sus límites, están llegan a la madera y en su coyuntura todo es tan normal. Si te lo dijera: me siento saboreado, semi deglutido pero nunca expuesto a lo infinito del mar. ¡Acelera robot la  marcha! Mi sudor se confunde con algo de esta espuma; ella, amarrada a si misma  se goza en su indiferencia no-mortal, sin dolor. ¿Yo soy el único que tengo sentimientos que pueden ser nombrados en la embarcación?

Recostado cerca al cuerpo envuelto de Silvia, noté que al avanzar rompíamos  con una capa de hielo finísima del mar, parecía  a lo lejos una laguna inmóvil, y debajo de ello grandes peces, grandes medusas, grandes algas destellaban un color siniestro y engatusador. Observé un círculo de  pequeña dimensión y de mayor esplendor al de la luna y los peces. El frío  hacía que  castañearan mis dientes.

Ordené a robot diera un último esfuerzo hasta llegar al punto. Con el último impulso llegamos al punto luminoso. Conforme mire el cuerpo de Silvia, pedí a robot que la sumergiera en el mar congelado. Pude notar en el robot un brazo de su cuerpo desprendido por su potencia al remar a través del mar congelado.

Sacándose el brazo por la incomodidad, hizo ademanes de empujar el cuerpo de Silvia, tomándola por una de sus muñeca que al momento mismo desprendió un líquido hediendo. La fue sumergiendo. Noté el manto bien amarrado a su cuerpo, negándose a exponer el cráneo desecho .Al ir sumergiéndola en el agua, esta comenzó a generarse burbujas contradictorias a la frialdad del mar. Los peces realizando movimientos circulares ayudaban a desprender  la capa fría  alrededor de la embarcación. Ingresado el cuerpo como una pastilla de soda efervescente ante un vaso de agua, note a robot ingresar totalmente el cuerpo de Silvia y la única mano robótica  que le quedaba comenzaba a adquirir un color rojizo, como el del óxido. Con un miedo  al suponer partírsela la extremidad y quedar perdido el cuerpo de Silvia, se me vinieron las palabras de la grabación

que antes hubiera escuchado de Robot: Mantén un silencio y un rechazo a posar los ojos con lo vivo. No la toques. No caigas  en la tentación. Déjala en tierra, espera que sea vestida en casa. Luego podrás observarla a tu gusto. Puse mis ojos bajo la luna. Me planteé  la idea de sólo ver al satélite a lo largo de todo el viaje de retorno. Se notaba grandiosa nuestra diosa. El rostro que nos regalaba  era de aquel conejo lunar contemplando  aquella antinatural resurrección.

Escuché al robot decir. Esta listo. Sentí la tentación de verla. Unos sonidos como el de un pescado al ser capturado me consolaron. Seguí viendo obnubilado la luna. Y pregunté a robot si podía continuar remando. Puedo llegar muy cerca a la costa, me dijo, con esa voz sin entonaciones.

Muy cerca a la playa noté quebrado la mano del pequeño robot, siempre mirando a luna me coloque a lado de los remos e hice mi mayor esfuerzo para no posar mis ojos en Silvia mientras remaba débilmente. Logramos por fin llegar a la playa, donde un cúmulo de personas nos esperaba.

Un robot  había captado el hurto del cuerpo de Silvia en la madrugada. Ví a la madre de Silvia mirar sorprendida. Me apartaron tratando de ayudar a descenderla. Se alejaron. Caí rendido en la arena. Mi madre que se encontraba entre ellos me recogió y asombrada me susurró lo extraordinario de mi aventura. A partir de ti muchos con una muerte violenta podrán recobrar a sus esposas, hijos, hermanos. Me deje llevar por ella. El pequeño robot nos seguía a una distancia cauta.

Al llegar a casa note al anciano sentado en la gran meza del comedor. EL robot se le acercó. El viejo miró sus partes dañadas y  susurrando le dijo que  podía refaccionarlas. El robot asintió con ojos desconcertados. Mi madre  como siempre  ignoraba al anciano, como si su mirada desapareciera a un milímetro antes de toparse con cual parte de este.

El anciano  inspeccionado la mano oxidada del pequeño robot,  me dijo:

-No quise que fueras, pero sentí que tú podrías comprenderme. Sabes el por qué tu madre ni siquiera sabe que existo. Por qué en sus ojos nunca mi cuerpo tendrá reflejo ni sombra y mi voz sea siempre en sus orejas silencio puro; no poder ni siquiera sentir parte alguna mía.

Mi madre apareció de nuevo y quede sorprendido al ver como el anciano posaba su mano por sus cabellos y ella incólume seguía hablándome de cosas que olvidé.

-Sabes, me dijo el anciano. Hice lo mismo que tú. Escuché aquello  hace mucho tiempo de un pescador,

lo noté como un simple mito para estos tiempos. Incluso pregunté a mercantes, a marines llegados de lejanas tierras y me aseguraron existía el lugar, pero siempre noté en sus palabras con un todo osco y preventivo; sabían de su poder maléfico. (temblé) Es el simple olvido. (Tomó una pausa prolongada y continuó)Si bien no la tocaste, no la miraste, pero ella conocía tu aroma, tu olor. E ahí que pudo reconocerte y podrá eliminarte de su mundo. EL olor encierra un tipo de magia que no se disminuye con un simple baño. He tratado con miles de perfumes siendo imposible borrarme ese olor que viene desde mucho antes de nacer. Probé desde lo más execrable hasta lo más celestial. Yo ame a tu madre. Ella fue víctima de las primeras hordas, mucho antes que se hiciera oficial la guerra. La traje a la vida pero nunca más pudo reconocerme. Tu padre, mi mejor amigo, la tomo como esposa y yo no renegué de ello. Esa es la razón por el que me veías siempre estar en casa. Para mí era un cierto tipo de consuelo que  debía crearme.

El pequeño robot me miraba, parecía estar triste, como a punto de llorar .Sentí como mi cuerpo hormigueaba. Salí apresurado de la casa. Mi madre grito mi nombre y este se diluía al distanciarme más y más.

Llegue a casa de Silvia. Encontré a su madre que agradecía repetía: ¡Está viva! ¡Está viva! Miré a Silvia a lo lejos. El viento movía sus cabellos, la miré de perfil. Mucho más bella, más vigorosa. Me acerqué  poco a poco. Temblé al llamarla: ¡Silvia!¡ Silvia! Ella miraba el mar. Volví a gritar su nombre y fui a tocarle la espalda con un dedo. No encontré alguna respuesta. Di media vuelta y regrese carcomido por un tipo de muerte a casa.

5

El anciano ya había muerto algunos años atrás. Asistí a sus ceremonias de extinción. Silvia también fue. Llevaba en su espalda a un pequeño  que gorgoreaba las palabras. Quebrada por la partida del anciano al cual todo el pueblo conocía, se dejaba sostener en la pena en el pecho de su  esposo.

El pequeño robot también asistió; alejado del grupo ritual, noté , y quizás  al escribir esto me confundo;  verlo llorar patéticamente.

La necesidad de convertirme en ciudadano con derecho hizo que formara una familia. No amo a mi mujer, pero ella sopesa la soledad de haber sido muerto por Silvia. Mi secreta perversión hizo que me convirtiera en el mejor amigo de su esposo, logrando verla todos los días hasta esperar una muerte;  la de Silvia o la mía.

Fin

Por: Miguel Ojeda