Eros 4.2

La peculiaridad de Mariella era retenerlo en el momento mismo de la cúspide de su placer. Ella ejecutaba cualquier artimaña para poder retrasar su pequeña muerte. Si bien, lograba amoldarse armónicamente en el pasadizo de su casa, y sucumbiendo a sus ordenes 

Mariella  lo contuvo en el suelo y ella pudo expresar en aquel espacio, en sus ojos desorbitados, en su piel trémula y su salivación exagerada la llegada del clímax. Impidió que Pedro sea sustancialmente con ella en el líquido retenido de su pasión.

Mariella había ejercitado su expresión multiorgásmica, hasta llegar a  dominarlo mentalmente. A veces podía como lo fue en el pasadizo algunos minutos para degustarlo y otras, como lo tenía planeado y como otras veces lo hizo, demorarse degustando el movimiento, la fuerza de las manos en la intención de rasgar su piel, algunos  besos desesperados y sobre todo, cerrarse al mundo y sentirse acoplada, lamida, samaqueada, arrinconada contra el mobiliario.

La situación, mencionada en el pasadizo de la casa, terminó con ese gemido contenido en algunos momentos, mientras Pedro llevado al límite ante la sensación y espectáculo visual de la prendas negras contorneadas a los muslos, a los senos, a el cabello  ladeado por Mariella para que él pueda ver su rostro mientras ella mordía sus labios y lo miraba frenéticamente. 

Pedro se sentía utilizado pero albergaba el placer final como recompensa, recompensa que fue obstruida cuando acalambrada por la posición pero ya degustada con su placer, Mariella se retiraba, lo levantaba y  le liberaba del preservativo húmedo. Ella noto que el complemento milímetro que impedía se sintieran ya albergaba alguna sustancia interna y a su vez que el miembro de Pedro se humedecía  trasparecialmente olvidándose del reposo que ella suponía necesario. Tomándolo del miembro lo introdujo a la cocina, sin antes decirle que se mantuviera callado.Lo dejó  parado con el miembro caliente y aún espléndido para la faena. Y Mariella hidratandose con una botella de agua helada sacado del pequeño refrigerador,  miraba el preservativo, lo amarraba y se lo colgaba  en una tira de su ropa íntima  negra que bordeaba su cintura. Hidratada llamó a Pedro para que también se consolará con agua pues esto no se había acabado.

Mariella observándose, atrajo a Pedro con un índice. Él, acercándose, sintió un cosquilleo   zigzagueante en la médula. Al acercarse, Mariella lo beso solamente en los labios inferiores, mordiéndole , en algunas veces dura y otras entre lo tierno y lo inadvertido.

Pedro se dejaba a ella, en total complicidad y esperanza de un afán de sensualidad y perversión. Susurrandole le dijo

-Ya se que te he dejado a mitad del camino. Debo comprobar si aún estás recio  para dejarte entrar en mi

-Pedro atino a masajear un pezón librado del sostén de Mariella.

Ella  sonrió y buscó los labios húmedos de Pedro, mientras se amarraba el cabello y alejándose un poco de  dijo:

-Seguro ya olvidaste lo espléndida que soy con la boca

-Pedro asintió y en su mirada se notaba la ansiedad de tenerla ya abajo.

Mariella se encaramó en la mesa de la cocina, reclinada,  y brindándole su intimidad humedad entre sus piernas le dijo:

-Antes de volverte loco, tú me tienes que volver loca a mi.

Le volvió a indicar se acercarse y teniéndolo retenido de los cabello lo dirigió a ella misma, y sintió como la lengua de Pedro inspeccionaba el espacio, como sensibilizaba  el punto central de terminaciones  nerviosas que le hacían temblar las cuerdas vocales de Mariella.

Pedro la besaba  inicialmente, pero paulatinamente, obviaba la lengua para finalmente comérsela sin comérsela. Mariella no tenía otra opción que maximizar la experiencia, mientras retenía y sacudía la cabeza de Pedro, masajeaba sus pezones, lamió un dedo suyo, se arañaba suavemente.

Los gemidos y la inicial penumbra de la noche, enmarcaba la escena. Los sonidos de Pedro y su boca, similares a comerse una fruta perfecta y la voz quisquillosa de Mariella hacían de la cocina un cuarto de torturas en las cuales las víctimas  exigían más y más.

Y de repente sonó el móvil de Mariella, apostado en el borde mismo de la mesa.

Ella observó la pantalla y dirigiéndose a Pedro le dijo:

-Continua

El pudo buscar un ángulo diminuto entre la lengua casi adormecida y sus labios inflamados por el roce desenfrenado.

-Hola Sammy, pudo decir finalmente Mariella.

Pedro la escuchaba, contenerse y atenuar su voz , pero las vocales se le alargaban y respiraba compungidamente.

-No Sammy, tuve salir deprisa del trabajo, no creo poder salir hoy.Tengo un asunto entre manos y ya mucho tiempo lo he ido posponiendo.Dijo Mariella, con diversas pausas, determinados silencios que coincidían con los pequeños roces que Pedro hacía con sus dientes ahí abajo.

-Claro, puede ser la próxima semana: sí, estoy bien, un poco agitada haciendo la limpieza de la casa.Limpiando el piso me he mojado toda.Respondió Mariella mientra  pudieron encontrarse las miradas con Pedro y se sonrieron brevemente.Mariella lo tomó de los cabello dirigiendolo a culminar su trabajo.

Finalmente cortó la llamada.Mariella dijo: ¡ Por fin!, y gritó, sintiendo desvanecerse  mientras preguntaba a Pedro si le gustaba hacer eso.Pedro imposibilitado de gesticular palabra respondía con breves mmm…  a tal cuestionamiento.

Sabiéndose lista, Mariella ordenó a Pedro diera todo de sí mientras Pedro casi sin sentir sus labios optó por sacrificar su lengua para aquel orgasmo  que Mariella experimentaría en  la mesa de la cocina de su casa. Ahora ella había sido el plato principal y se sentía a pesar de haber sido devorada, fragmentada pero paulatinamente llena y satisfecha, pero en lo recóndito de sus estremecimientos sentía que podía haber  más, podía llegar a más.SIempre había espacio para el postre.

Eros 4.1

La situación era compleja y simple.

No había nadie en la casa, el primer piso, estaba dispuesto a la exploración. Mariella,  conocedora del vacío, había planeado concretamente, el recorrido del tour. Muchas noches, había anticipado la situación, y ahora, teniendo a Pedro en las manos, podría disfrutar  hasta saciarse,de los vericuetos mentales en los que su fantasía intentó consolarse, poniéndola muy encendida de populus y generando una sequedad en la boca. Esa sequedad, que se disipaba cuando llevándolo al pasadizo, beso a Pedro y sintió que su dulzor labiales a fin de ir recomponiendose ante el histrionismo de gastar toda su energía.

El pasadizo, en el cual la habitación de Mariella se situaba,  miraba directamente al espacio ocupado por su tía. Mariella, recostó a Pedro, en un tapete felpudo que impediría el frío del suelo y la incomodidad del piso de un tosco acabamiento. Reclinó a Pedro, ella mirando la ventana de su tía, con afán, dando la espalda a Pedro, se sentó sobre él y dejó su cuerpo restregarse suavemente, haciendo que el miembro de Pedro se enredase con  la linea finísima que decoraba su propia intimidad. Ella soltaba gemidos con una predilección por la uh! en extremo. 

Pedro había preguntado.

-Estas segura que nadie va entrar o vernos

– Tu encargarte de ternal lista cuando. Yo ya me he encargado del resto..

Los cuerpos, por su forma simple de fricción aceleran los latidos y elevan  grados que permiten a los cuerpos fluir y adaptarse ante la cercanía inminente.

-Creo que estoy listo, dijo Pedro

Mariella, que tenía en las manos los preservativos, abrió uno, razgando la emvoltura con los dientes, como si de un dulce se tratase. Siento el lubricante químico y se lo dío, sin ver a Pedro, que algo descompaginado, logró colocarse, y notar un brillo platico que armonizaba con la erección.

-Estoy listo, le dijo casi susurrando.

Ella untó el miembro con una poca cantidad de saliva, busco a ciegas y siempre mirando la habitación de la tía. Nunca es bueno confiarse con nada se dijo.

Hizo un ademán con la muñeca que posicionará verticalmente y espléndidamente el miembro de Pedro y dejando libre el velo que permitiría el encuentro, levantó los muslos, sintió una cierta tensión, pero la excitación pudo más. Fue como si las partes se dieran un beso. No fue un ingreso directo, sino un simple roce zigzagueante, antes de saborear cada hendidura. Ella en un momento vio  la ventana, y las cortinas de la habitación de la tía sacudirse. El pavor se apoderó de ella, los muslos, las piernas le abandonaron por un segundo, y se dejó caer hasta que Pedró la penetrase y sintieran sus límites. El temor y  el éxtasis se conjuntaron, y ella se venció a la perversión de imaginarse observada gimiendo.. 

-Quieto, le dijo Mariella

 Pedro había cerrado los ojos y abría la boca como aspirando más aire, que inflace su ímpetu ubicado entre las piernas.

Mariella notó que las cortinas se movían a causa del viento y pudo retomar los movimientos verticalizados, claro que con la orden clara hacia Pedro.

-Mientras subo, elevame con tus manos.Tenme bien agarrada.

Había pasado mucho tiempo desde que se sintieron y el pasadizo por el cual algunos domingos Mariella a solas escuchaba a los vecinos discutir y otras escuchar música alta, ahora era el escenario de  las voces trémulas y casi sufridas de ambos. El tecleteo de la piel golpeada, a forma de aplausos mientras Mariella devoraba a Pedro subiendo y bajando. Qué es el temor de ser descubierto ante lo liviano  de no pensar y sólo dejarse ser.

En ocasiones, la ropa íntima impedía ver a Pedro ingresar hacia ella, deseaba hacer uso de sus manos, pero Mariella que recordaba esos detalles, esporádicamente, estiraba las tiras, las sacudía entre su piel y le preguntaba en forma de ruego a Pedro si le gustaba:

-Así te gusta?

Ella, apoyada de brazos en los muros miraba la ventana y deseaba que alguien la mirase, que vieran no sólo su tía,  si pudiese todo el mundo su rostros descomponerse  ante el movimiento, como sus senos  se salían de la ropa íntima y se sacudían, vibrando y estimulandola en un sentido imposible de comunicar a cualquiera.El ejercicio extenuante era bien preciado, pues comenzaba a sentir hormigueos que se instauraron desde el centro mismo del vientre y se repartían a todas y cada una de sus partes, ella conocía ese sabor, ese sentido, esa sensibilidad. Se llamaba orgamos, pero para ella era su propia pertenencia con sigo misma.Lo conseguía sola, pero es indescriptible encontrarlo con otra persona. Su orgamos se elaboraba y ella aullaba y gemía, viendo a la ventana como si fuera la luna, deseando que alguien más constatara y se sintiera bien con su placer.

Adelanto nuevo poemario

Yo he tenido al hielo

con su ulular azul 

en una habitación de verano

y mordiéndole

he atrofiado mi voz

hasta acuchillarme la frente 

esperando una minerva,

todo ahora es

postdiluviano

y sin adioses

abonamos el universo

en este país de tierra roja

mientras la peste silba 

y nos mira desde una árbol

tartamudeando,

a veces,

mientras negros

cargan comida indegustable

y la hierba de un verde mortal

crece a sus expensas

la historia 

fluctúa tapando el horizonte

entre balbuceos

del poderoso idiota 

en una barbacoa humana

con la muerte y la alborada

en los días de torrenciales lluvias

en la avenida Rondon Pacheco 

donde la naturaleza nunca muere vomitada.

En un mes de Abril

La capilla del colegio estaba inundada de estudiantes, que a las diez de la mañana encontraban congoja del frío en los cirios encendidos cerca del altar, en donde figuras de yeso de San Juan Bosco y María Auxiliadora; esta segunda, sin unos dedos por un accidente de traslado, se exhiben y custodiaban una gran mesa  en donde se realizaba el rito eucarístico. Los estudiantes entraban, desde un espacio libre exterior en donde el infinito cielo azul de Huancayo, resaltaba a la luna que merodeaba en lo andes, en un frío que corroía los huesos de los estudiantes en sus congeladoras, llamadas salones de clase.

Se acercaba el mes mariano, y ciertamente no existía una obligación directa sobre ciertos procesos purificadores en los cuales los estudiantes deberían de sufrir a fin de contemplar el veinticuatro de mayo en la gracia de un año más, dentro del círculo celebratorio salesiano.

Muchos de los alumnos, mis compaãneros, encontraban eficaz el proceso de confesión pues se ahorraban tediosas clases de alguna materia repetitiva, entre los docentes, muchos de ellos al límite de la capacidad de ejercer la docencia y que atormentaban y demostraban en la cara de algún estudiante su disconformidad por  esta generación y seguramente por las que vendrán. Nos imaginaban  en una guerra hipotética con Chile,donde al final nunca recuperaríamos Arica, Tarapacá  ni el Huáscar. Éramos unos vagos y viciosos. Dormilones y bueno, en el mes de abril, eramos casi hijos de  satanás.

Éramos chivos expiatorios de una congregación, un grupo sin escapatoria, que no podía intentar si quiera ir a los baños,quedarse en los salones o fingir algún dolor, para nosotros esos días sólo existía la confesión. Para ello, había resultado beneficioso los comentarios de los más antiguos estudiantes, que animaban coger la fila más amplia en la cual se encontraba un viejísimo sacerdotefranciscano que invitado, a duras penas podía ponerse en pie y que de tiempo en tiempo entraba en un sopor radical. Nosotros mirabamos su rostro a lo lejos como la llegada al purgatorio, un ni ̈ fu ni fa¨. Mis compañeros acercándosele, golpeaban  la madera de sus sillas, esperaba recobrara un poco el vigor, abriera los ojos  e intentara entender que nos deciamos.La mayoria de mis compaãneros reducían al mínimo la voz, característica muy huancaina al hablar, y haciendo previamente una  lista condensada de pecados y el padre, extenuados por el sueño, participar en aquella pantomima .Cuando suponía él haberse terminado  la confesión, íbamos frente de la imagen de la virgen o de el santo, arrodillandonos, cumpliendo su típica penitencia: treinta y tres avemarías.

Hacíamos todo lo posible por alcanzar un puesto con aquel sacerdote franciscano. Contra ello, existía un hermano de la congregación que arreaba y dirigía a su antojo a los alumnos para no sobrecargar al anciano cura. La siguiente opción era ir con aquellos sacerdotes polacos que radicaban en la parroquia de Pio Pata. Ellos, aún no muy familiarizados con el español, se les podía torear utilizando mucha jerga y bajando de igual manera el volumen de la voz. En aquella ocasión, yo intenté ir todo menos a los sacerdotes del colegio, que a su vez impartían clases en el colegio. Yo había sido testigo de bromas indirectas de mis compañeros  en clase, cuando el sacerdote  los miraba y les decía: Entiendo Cardenas, por ello cuentan eso en las confesiones. Que nos helaba la sangre y nos hacía sonreír desencajados con nuestros trece o catorce años.

Intenté por todos los medios, pero este  se vio eclipsado. El hermano que dirigía las filas, me mando con el director del colegio. Un sacerdote espigado, narigudo y con un olor de lana mojada. él había sido cambiado hace un año de un colegio Arequipeño, pero su formación había residido en Chile, en tiempos, creo ahora de la dictadura de Pinochet. 

Todos nosotros recordábamos tiempos anteriores, en donde un sacerdote español, con ciertas nuevas tendencias de moral cristiana y social, que ahora  también entiendo. Nos dejaba libremente venir y entrar del colegio. Las puertas del colegio siempre se encontraban abiertas, pues él decía que la libertad es ante todo lo que más añoramos. No existía un uniforme establecido. Incluso muchos de mis compañeros venían con pijamas, con el cabello ensortijado, con los ojos lagañosos, pero con la valentía  de llegar y llevar las clases. Para él , todo era más importante que un distintivo, que una insignia. Claro que estallaba con la tardanza, y con su acento español retumbaba el colegio al mayor vestigio de pérdida de tiempo. Imparcial con la reforma de la caligrafía de cada estudiante del colegio,  era un sumo juez ante la curvatura de las vocales, de la erre bien delineada. Fue mi generación la que salió de aquel colegio con una letra lindisima, pero sin casi nada que contar.

Este narigudo sacerdote, que lo reemplazó, trajo consigo uniformes, agendas, horarios y un resguardo en la portería. Desde su llegada apareció el término ¨tardón¨ y amonestación, y si se reiteraba, lo cual era casi siempre mi caso, una llamada a  los padres y una rutinaria conversa con las autoridades del colegio.Una pérdida del tiempo total, claro que con su jalón de orejas ya en casa, por la vergüenza perpetrada. 

Asolado por la confesión próxima, me aferre a mis ardiles confesionales. Siempre deslumbrar al oyente con generalidades y lapsus de silencio.Cosa que el sacerdote arequipeño no toleraba. Ante mi respuesta de: Padre he pecado en el sexto mandamiento y también no hago mucho caso a mi madre. Venía la respuesta clara y concisa de el cura:

– Detengamonos en el sexto mandamiento, especificamelo-Decía.

A pesar del frio andino, mis manos comenzaba a sudar.

-Me he tocado padre, en mis partes.

¿Porqué te has tocado?- decía el sacerdote.

-No lo sé, sentía muchas ganas- le decía.

-Pero las ganas no vienen solas. Que has estado mirando-Decía el sacerdote cerrando los ojos.

-Televisión, padre, solo televisión. Casi tartamudeaba.

-No habrás visto cosas sexuales por internet.Ustedes acostumbran entrar a páginas pornográficas, y luego eso les incita a tocarse.

-No padre, solo fue la televisión.Dije.

-Qué pasaba en la televisión?. Preguntó.

-Pues, creo deportes.Respondí.

-¿Deportes femeninos?.Inquirió

-Creo que sí.

-¿Qué deporte?

-Volleybol, estaba viendo el campeonato de voleibol.Sentía que mi voz ridícula, cursi.

-Y qué veías de ellas?

Aquel momento, la respiración, la sudoración, me hacían en verdad pedir a la Virgen me perdonase. Que me rescatará de tal suplicio. Que se eliminara todo lo que decía de la cabeza del sacerdote,  pues al día siguiente tendría clases con él y sería horrendo mirarle a los ojos, e inferir que esperaba hiciera alguna travesura para dibulgarlo todo.

-Sus cuerpos, padre. Dije y comencé a sollozar.

-Ves, no sólo es un sexto mandamiento.Los ojos , el cuerpo.Hay que saber educar la mirada.Me dijo.

-Ya te has tocado alguna mujer?Preguntó de nuevo.

-No padre.

¿Te has masturbado muchas veces?

-No padre.Dije casi con la voz ahogada.

¿Qué sabes sobre ello?

Recuperé en algo la voz, pues tenía otro personaje a quién involucrar en mi confesión.

-He escuchado al profesor de literatura,  decir que nosotros venimos cansados por tres motivos: Por que nos desvelamos viendo televisión, no comemos bien o nos jalamos la tripa. Luego pregunté a un compañero y me dijo que era eso de sobarse, de masturbarse. 

-Entiendo, expiró.-medita, educa tu mirada-.Finalizó. Puso sus manos en mi hombro, rezaba en pos de  mi salvación. Sentía su voz trémula, casi moribunda.  Por mi parte, sentí que había muerto un poco.

Me dirigí donde se encontraban las figuras del santo y la auxiliadora. Me avergonzó tremendamente  la estatua, dirigiendo mi cabeza al suelo. Intuí como algunos compañeros se arrodillaban y pedían perdón en una voz tenue. Algunos lloraban y hacían sonidos estrambóticos con las narices.

Cerré mis ojos, e imaginé  el perdón de la Virgen. Me abrazaba y a lo lejos se acercaba su hijo Jesús. Animándome a seguir.Me sentí más católico, más santo.

Se fue estabilizando mis latidos y regresé a la ancha banca de madera donde me encontraba con mis compañeros que ahora se mantenían taciturnos y con los ojos enrojecidos.

Llegué hambriento a casa, con un cierto malestar y acidez estomacal que me perseguiría toda la vida. Pero liviano, santificado. Subí a la parte alta de la casa, miré las demás casas. Al vecino regando las plantas, a una anciana tejiendo no sé qué junto a su nieto que jugaba con la arena dejada  a mitad de la construcción. Miré el cielo, y mi fije en la luna navegando en el infinito. Respire profundamente, incluso me dieron ganas de hacer las tareas, la santidad me energizaba.

Al dirigirme a mi habitación encontré a mis dos queridos gatos,fríos, muertos y llenos de una  masa viscosa que salía aún por sus bocas.Era la primera vez que ví a unos gatos envenenados. Mi madre me  advirtió que la vecina le señaló en torno de broma y de advertencia, que unos gatos  había logrado entrar a su cocina, y que si continuasen, aplicaría el remedio que  no le fallaba: Veneno para ratas en pedazos de carne.Traté de todos los medios contener a mis gatos no deambular por los tejados, pero su naturaleza, impidió  el artificio de la vecina.

Bajé, cogí una gran piedra del suelo.Mire directamente a la ventana de la vecina.La arrojé con toda mi furia. Quebré su gran ventana y mande al diablo mi santidad. El sonido apavoró a los vecino, a los perros circundantes y se me salió una lisura que me parecía sacrilegio en la boca del sacerdote español:

-Me cago en la virgen y en la Cruz de Cristo!

Desde esa vez, dudo muchas veces en tener un gato y en la eficacia de la confesión.A pesar que la terapia tiene cierto parecido. Lo voy notando ahora.

Eros 3

Pedro compungido, había pasado algunas semanas, entre la acumulación de trabajos universitarios, conflictos con su casero que aumentaba semanalmente el alquiler de la habitación universitaria, y del vecino suyo que como mecanismo de tormento, generaba un barullo histérico  en el piso, entre dolor y goce hacían a Pedro estudiar con los audifonos presos y bien presionados a las orejas, y otras ya desgastado y vencido , encontrarse en la sesiones amatorias de Miguel, su vecino que nunca había cruzado palabra pero aquel que  su nombre, ensordecía el piso y generaba risitas maliciosas en el casero cuando Pedro se encontraba con él

-Has visto Pedro? Ya le he dicho que me presente a una amiguita. Decía don Manuel sobre Miguel mientras se rascaba el mentón.

-Yo espero solamente que lleve alguna vez una muda. Decía Pedro , intentando zafarse de dichas charlas banales

Mariella no se comunicó con él,  pasaron algunas semanas y eso que él  había mandado ciertos mensajes que no implican acercamiento, o algún tipo de cita, solamente un intento de  continuidad de comunicación, desde el juego de los números se habría acrecentado un silenció tortuosos.

La desesperanza, venció su intento de comunicarse y  el mejor centrarse en aquellos meses finales del año que implicaba un poco de esfuerzo para salir bien librado de la universidad.

Aquel fin de semana, agotado  de los estudios, pudo recostarse en la cama, suspirando por el agotamiento semanal, miro el celular  y encontró un mensaje.

– te hice sufrir?; seguido de otro: nos quitamos el gustito?

Con los latidos acelerados, y una salivación tipo pavloviana en la boca, se apresuró en responder, concretamente y sin la magia de la insinuación que albergaba Mariela en ciertos momentos.

-Donde y cuando Mariella? 

– Pero serán según mis disposiciones y no habrá reclamos. Estarás a mi disposición.Respondió el mensaje Mariella.

Pedro sintió un hormigueo que se originaba en la barriga y se extendía a todas las extremidades y principalmente entre sus piernas.

-No puedo pedir nada?- Escribió Pedro

-Tranquilo, se como ser complaciente y complaciente conmigo misma.No te olvides de traer solamente municiones para la batalla. Escribió Mariela

– LLevaré demasiados

-Los necesitaremos- escribió Mariela. Vienes este sábado a las dos de la tarde?, finalizó.

-No puede ser más temprano-Escribió Pedro.

-No, escribió Mariela, añadiendo…Tendrás unas horas para saborear en tu mente antes.

La casa de Mariella, se situaba en un barrio extremadamente peligroso. Era necesario presteza y buena observación para llegar a ella y no tener un  par de delincuentes que merodeando encima de alguna moto. Si no fuera esto lo complicado,existía también el hecho mismo de poder entrar en la casa de Mariella. Viviendo en un piso superior se encontraba una tía suya que en ocasiones llegaba de improviso cuando menos lo esperaba. Sus pasos eran livianos, muy parecidos al de un gatito. Por otra parte el hecho  asustador de las madrugadas , pues en el frontis de la vivienda de Mariella existía un espacio adoptado para que funcione una panadería la cual era religiosamente utilizada por el tío de ella. Es decir, a pesar que Mariella vivía solitaria y ocupaba un espacio amplio,  ella tenía una par de guardias sexagenarios los cuales aparecían uno en un horario establecido y otra en el momento menos imaginado.

Pedro apareció muy puntual, ante la puerta blanca de la casa de Mariella. Ella supo que estaba afuera esperando, pues le había avisado previamente con un mensaje, por tal motivo la puerta estaba semi cerrada, con una nota detrás de ella.¨Entra y ciérrala bien¨. 

Pedro ingresó, guiándose con los dedos ante la oscura pared del pasadizo.La llamo dos veces: Mariela!, Mariela! y ante ello un silencio tenso se iba acumulando en el espacio. Él, que ya conocía la habitación de ella, ingresó y sintió el aroma de unos palillos de incienso flotar en la habitación. El olor se dejaba mezclar entre cerezas y azafrán. Una nota puesta en la cama, tranquilizó momentáneamente a Pedro.

̈ Desnudate, quédate con las medias , los zapatos y  pon lo esencial en la mesa. Al final vendate los ojos con aquel paño de tela oscura¨

Era una temporada cálida de verano, que asfixiaba  no al medio día, muy por el contrario se sentía su mayor fuerza a las seis de la tarde, cuando el sol se ocultaba y un  color azulado inundaba el cielo agreste de la capital.

Pedro, que había recorrido un cierto tramo desde la estación de bus, hasta la casa de Mariela, se sintió liberado. A pesar de que en aquel piso que ocupaba Mariella, el sol no se manifestaba es su máximo esplendor, la calidez perduraban y la livianez de estar desnudo, lo deja algo contento.

Recostado, desnudo y poniendo lo esencial, digamos lo requerido por Mariela. Pedro comenzó a sentir  a calentarse y también se  sintió vulnerable. ¿Porqué mantener los zapatos?.Se preguntó.

Tras unos minutos,pudo escuchar unos pequeños zapatos altos, chocar con el piso.Cada taconeo, intensificaban el bombeo de sangre de Pedro a todas sus partes, se sintió mal por no esperar a Mariela, en tal grado de desnudez sin ninguna erección lista. Intento animar la extensión donde se deposita la cúspide de la sensibilidad pero de pronto, sintió el inicio de una música ambiental y tenue, haciendo del ambiente de oscuridad que experimentaba Pedro, en una intensificación de cuestionas sonoras, oloríficas y de un momento a esta parte; táctiles, puesto que los toconeos se aproximaban,Pedro intentando adivinar cuál sería el primer contacto de piel con la  piel de Mariella. Supuso que se decepcionaría de su miembro aun flácido. Pero sintió un perfume añadido al incienso acercarse por el cuello y sentir suavemente los cabellos de Mariela recostarse  al rostro de él.Los dedos de Mariela traían con ella un adminículo, que ella intentaba colocarlo no con cierta presteza.Finalizado, sus dedos rodearon el vientre de Pedro y Mariella, exigió no tocarla, sino hasta que ella lo decidiera. Sus dedos viajaron a  su pecho, sus muslos. 

Tan indescriptible sensación por la reducción del sentido visual ocasionó una sensación gigantesca, manifestada en una erección contundente y sólida, que aperturaba el juego que Mariela había planeado y Pedro había saboreado toda la mañana.

-Levántate- dijo ella.

 Pedro sintió que en su cuello , una especie de cinturón le oprimía,  pero sin ningún dolor en  todo el radio del cuello, sintiendo el tirón de una correa que seguramente del otro extremo lo manejaba Mariela.

Al levantarse, ella dijo que ahora podía quitarse la venda.

Él se encontraba, con los zapatos puestos, desnudo, y acordonado por el cuello con una correa. Ella,  fastuosa con ropas íntimas negras, compuestas por una medias que llegaban a los muslos; una especie de micro vestido negro, que exponía muy bien la contradicción con su piel blanca carente de rayos del sol y un peinado ladeado, decoranda con una cienta amarrada en la cabeza, a modo de liston, dando  a entender  que podría suponerse todo esto un regalo. Sus zapatos altos la hacían ver más esbelta de piernas, y sus manos cogiendo la correa que la estiraba de cuando en cuando, tirando de Pedro del cuello, la empoderaba en dicha en la escena. 

Se miraron a través del espejo, ella se acercó , nunca soltando la correa de una mano, y cogiéndolo del miembro con la otra le dijo:

-Estas listo? Vamos a dar un paseo completo por toda la casa.

A través del espejo, se miraron y Pedro asintió con la cabeza. Mariella cogiendo de la correa con una mano, y el miembro ahora palpitante de Pedro, busco los labios y bebio de ellos, sin dejar de verse a través del reflejo. Ella soltó un micro gemido, preludió de todos los otros que se esparcirían en el aire.

Eros 2

Pedro tuvo el temor de responder inmediatamente. Las manos comenzaron a sudar e intento imaginar la mejor respuesta corta  ante la directa insinuación. Meditandolo, sintió que debería estar a la misma altura del comentario anterior. Inscribió algunos caracteres en la pantalla y sellando el pequeño mensaje con una carita, supuso haber mandado el código por el cual  Mariela identificara la sutileza del recado.

-Y si nos vemos y tomamos algo (imagen de una carita con el guiño)

Esta vez el mensaje sólo demoró alguno segundo:

-Mañana,en la esquina cercana de mi casa a las diez de la noche?

-Perfecto, respondió Pedro.

No quiso aventurarse en el planeamiento placentero de cómo retomar las insinuaciones con Mariela. Se dejó al placer de deslumbrarse ante cada cercana aproximación.

La mañana siguiente pasó ligeramente rápida, el despertar a las diez de la mañana, tomar un desayuno somero y dedicarse a trabajos de la universidad, ir a alguna clase que, extrañamente cancelaría el docente y volver a casa, cenar mientras veía una película muda y tomar un baño, buscar la ropa menos arrugada y estar expectante desde las nueve de la noche, mientras el corazón le latía mucho más deprisa. Salir apresurado de la habitación, despedirse de un compañero de cuarto y volver  entre sus pasos, pues había olvidado apagar las luces  y traer el único preservativo que aún  sobrevivía al  calor de verano y a la fecha de caducidad.

Vio a Mariela, con un vestido rojo y panties debajo de ellas. La vio algo distraída, como contrita. Pedro llegó y al notarlo, Mariela junto sus manos , jugando entre sus dedos, mientras lo miraba sin decir hola. Ambos estaban nerviosos, pero Pedro entendió que debía tomar alguna iniciativa.La abrazo y dándole un beso aprovechó la situación para oler sobre su cuello, sintiendo el perfume, el diminuto olor a  jabón que mostraba un baño antes y cabello aún mojado, reafirmando. Ella sólo puso sus manos en la espalda, frotandolas circularmente, acentuando el inicio de una cierta comodidad.

Pedro, entre el nervio y la excitación, ofreció a Mariela ir a un bar medio oscuro, en la calle donde abundaban espacios estridentes, donde jóvenes o preferían gritar músicas, bailar desenfrenadamente, o como en esta ocasión nosotros sentarnos en unos sofás de cuero sintético, escuchando música y bebiendo alguna cerveza, un mal menor entre tanta diversidad de tragos, pero que era lo que más generaba confianza ante un bar vacío, oscuro y con una cantidad excesiva de mozos.

Sentados en un primer momento frente a frente, fueron inspeccionadose, viendo la vaguedad del tiempo en las formas del rostro, en el cuerpo se iban disipando ante la comodidad de esa relación temporaria que no exigía nada sólo presteza en determinados momentos, en circunstancias en las cuales o por una ordenación cósmica o una alta cantidad de energía sexual retenida, les hacía atraerse. Las conversaciones se fueron descomplicadas, no necesitaban contarse todo para saberse necesario y aproximados. Tras dos cervezas, Mariela cambió de lugar y sentándose a  lado de Pedro, inclinó su cabeza en su hombro mientras tarareaba una canción en inglés que contrariamente no coincidía con el video de las pantallas. Busco espacio para extender su brazo por la cintura y haciendo círculos con sus manos, minuto a minuto bajaba algunos centímetros. Ella lo sentía y entendía muy bien y acercando sus labios cerca de la oreja le dijo:

-Y si vamos a otra parte?

Pedro había cortado la última vocal de la frase y beso los labios de Mariela y ella, deseosa hizo el juego íntimo de hurgar con su lengua la lengua de Pedro.Haciendo un noble arco que permitiese que Pedro con la lengua jugase a frotarlo.

Su cuerpos, respondieron debajo de las ropas que los cobijaban. Mariella no dijo nada, y dejo sus manos ser libres entre las piernas de Pedro que contemplaba el rostro de Mariella con tono de suplica. El atestiguo con la cabeza, mientras ella aprovechando la oscuridad del espacio urgó hasta encontrar  la calidez del miembro de Pedro, que ya para el beso había tenido una autonomía y presteza excelente. Extendió sus dedos que al momento de verse se sentían torpes e inseguros y ahora mostraban agilidad y experiencia. Envolvió  diametralmente el miembro con los dedos y mirándolo a los ojos le preguntó en una simple palabra, generando en Pedro una aceleración y al mismo momento una relajación en extremo:

-Así te gusta?

Pedro volvió a besarla mientras hurgaba en el desenfreno por debajo de su falda, encontrándose con una pícara sorpresa.Mariela, había ido al encuentro sin ropa íntima, y dejando un sendero abierto entre las pantis negras que cubrían sus piernas.

Ante tal  auspicioso ambiente, Pedro junto los dos dedos centrales de la mano derecha y haciendo círculos entre los labios humedos de su sexo la miraba a Mariella magneticamente, ella sólo abria y cerraba compulsivamente los ojos, mientras él verificaba que esos movimeintos hacian del cuerpo de Mariella un campo humedo y caliente en donde quería recostarse.Podría decirse que estuvieron así por varios minutos, entre vistazos rápidos ante un mozo entretenido, que no venía o que en una espacio que le permitira fisgonear, se complacia con la escena.

Pedro, bendiciendo aquella mano, sólo atinaba a soltar pequeñas vocales, el comenzaba a sentirse humedecido por todas partes.Mientras se besaban y miraban, Mariela se desprendió de Pedro , pues había recibido un mensaje. Revisó en su movil, disculpandose dijo a Pedro que iría al baño para hacer una llamada.

Acomodándose Pedro las prendas, se apresuró a terminar las cervezas y buscar un lugar  en su memoria donde poder ir con Mariela y culminar tal apabullante escena.

Mariela , con una mirada contrariada, dijo que su madre la había llamado con urgencia y tenía que ir de inmediato a casa.

-Disculpame, te debo una.

Mariella se sentó, y pidió un taxi  pero mientras llegaba podía volvió a besar a Pedro.

Pedro se sintió triste y algo acongojado. Pero Mariela con una cara juguetona  acercó sus labio a las orejas y le hizo una pregunta

-Dime un número?

Pedro, contrariado, pensó en 12.

-Sólo 12, respondió Mariela

-Si,sólo doce. Respondió Pedro, algo gruñón.

Pues cuenta le dijo. Mariela buscó nuevamente el miembro de Pedro que con la la simple voz melódica había recobrado su dureza inicial y una pequeña esperanza de que Mariela mudara la idea de irse. Mariela levantóse levemente la falda, se sentó y aún mojada por los juegos previos, se sentó rápidamente en el miembro de Pedro que asombrado y desorbitado por el placer, se dejó ser sometido a la dirección de ella, que dirigiendolo le hizo entrar suave y muy cálidamente

Moviendo la cabeza hacia él, le dijo: 

-Vamos cuenta, pero sólo hasta doce.Con una voz fuerte y clara.

Y fueron los diez primeros saltos pausados pero profundos donde se sintieron húmedos y excitados mientras Pedro miraba como Mariela mordía sus labios y le pregunta:

-Así? .

Y volvía a decir:

-Sigue contando.

Pedro contaba gozando llegando al once y donde sintió llegar a la parte más profunda de ella y en el número doce, pues ambos habían llevado la cuenta, Mariela volteó a mirarlo y dijo el número doce más largo que Pedro había escuchado.

Un doooooooooooooooooocccccccccccccccceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!  mientras movía las caderas circularmente hasta salirse impregnada un poco de ambos y ver como el miembro de Pedro se veía brillante . Deseosa también ella de más, aguantó las ganas de quedarse prendada.

Pedro intentó retenerla antes, pero Mariella se safó caricaturescamente. Y dándole un beso le dijo que la próxima sería hasta el número mil.

Acomodándose Pedro las ropas, y algo fuera de sí. Salieron juntos del bar.El mozo algo conspirativo los miraba y dejó una sonrisita en el aire.

Mariela se despidió y subió al auto. Pedro tremebundo, quedó grabado con la imagen de Mariela contando  el último número. Llego a casa, se recostó con las mismas ropas, y se dijo que  no sería hasta el número mil, sino demasiados números doces.

Eros 1

Nuestras vidas habían tomado la vorágine de la pasión en que se quieren hacer las cosas a fin de no caer en el ensoñamiento  agrio de un pasado con disímiles altas y bajas. Las instancias que unen a estos dos personajes, linda con  el placer,  con la única instancia en la cual a veces unimos relacionamientos y perduran más que la confianza, la lealtad y la moralidad establecida.

Esta pareja, tenía la fijación sutil por comunicarse tangencialmente, el de no involucrarse más que en la seducción de un acuerdo planteando, de las horas mordisqueando el deseo de poseerse, y salir , confiados en que por ahora se podía sobrevivir unos años más a fin de condensar esas experiencias hasta el encuentro próximo fortuito, pero planeado en el silencio, en un modo ritual de conocer todo lo que uno podría enseñar en el siguiente encuentro.

Habían pasado tres años y Pedro, había claudicado  en lo que podría suponer la única esperanza de su vida: la música. La vida había tenido un sabor amargo. Sopesaba su existencia automáticamente, se vestía, se miraba, se osculcaba y se ponía en frente de montículos de aparatos eléctricos a fin de ir arreglándolos y poder conseguir pagar  algo que perdure el tedio. Padecía  un somero entusiasmo en las noches, dónde la libertad del azar en los sueños, compulsivamente despertaba sus deseos retenidos.

Había  tenido encuentros casuales con una somero número de mujeres, universitarias, colegas de trabajo e incluso una profesora suya que lo instigó en una tarde a apoyarla en un trabajo que implicaba reparar el ordenador, trabajo que se extendería con unas cuantas latas de cerveza y una desesperante muestra de cómo las uñas de una mujer pasada de los cuarenta años podía hacer con su espalda. Pudo acompasar los movimientos frenéticos de su profesora, pero claudicó en la confianza de pedir, de sugerir que hiciera algo para él.Fue ella la que lo movió, lo atrajo entre sus piernas, la que tomándolo del miembro lo dirigía a cuanto espacio pudiera ser profanado con sus cuerpos que excedían de sudor, ante esa casa al medio día. Fue la primera vez en que tuvo que estar dentro de una mujer, minutos después de haber terminado, pues aquella profesora, entendía muy bien  lo que ella buscaba, y sobre todo lo bien que había conocido su cuerpo, previamente. Nunca antes había  sentido sucesivas convulsiones de la pelvis de una mujer, de retenerlo, de golpearlo, de indicarle le mordiera en el cuello, de sincronizar mediante sus propios estipulaciones, cuando y como penetrarla, él sólo siguió humildemente la corriente del desenfreno, había sentido que la autoridad de los papeles incluso en la cama, no toleraba la subversión estudiantil. Algunos seres ejercen su poder y otros gustan de ser sometidos a ello.

Al llegar a casa, con los testículos adoloridos de tantas eyaculaciones, se sintió metafóricamente vacío. En la cama, mirando el techo, sintió que  ya pasaban mujeres, tiempos, días y él seguía  logrando solo terminar y expulsar  toda su carga  en pleno goce de sus facultades, aquel que sentía desde su cadera hasta los pómulos de su cara teniendo en mente a  Mariela. Siempre ponía a todas sus compañeras, de cuatro, la forzaba no mirarlas incisivamente a los ojos y mantenerse en silencio,  ahora lo pasado con la profesora, impidió conseguir un tipo de placer auto-meditado pensando en Mariela, muy por el contrario su cuerpo fue solo un cuerpo que es máxima frotación tenía que desembarazarse del  calor.

El cuerpo buscaba detenimiento,el espíritu de Pedro, buscaba en todas las direcciones. Encendió  su celular, buscó una plataforma musical, y se dejó escabullirse, en una cadenciosa música elegida por la misma red. Su cuerpo inmovil experimentaba la sensación de haber hecho una maratón sin meses de entrenamiento, forzado por la jerarquía de la docente y el intento de mejorar en sus calificaciones. 

Inspeccionado su móvil,  revisó los contactos prehistóricos a los cuales no había intentado conectarse o por desidia o por su tensión social que iba agravándose; amigos de la ciudad, compañeros de un antiguo y reducido trabajo de verano en las afueras del pueblo, colegas de un curso de idiomas, y Mariela. Era ya dos años que se encontraron una noche clandestina de navidad, y fueron entre promesas y promesas natalicias, a pesar de la desconexión y la poca comunicación entre periodos de tiempo, donde se rindieron a una intensa conversación que implicaba seducción , indefensos  e inadvertidos roces y finalmente, heroicamente animados por uno o por otro, claudicar en un mismo hotel. Hotel que pasó por diversas reformas y que generaba una broma íntima en Mariela al decir que cada polvo dado, era un ladrillo más  en la ahora tremenda edificación. 

Pedro miró la foto que acompañaba al número ,tuvo dudas de que aún se mantuviera activo, suspiro y comenzó a llamar. El cansancio  le impedía mantener muy bien el brazo levantado, su cuerpo rendido, se daba al cansancio y a la búsqueda de confort. Timbró por segunda vez, arrepentido, desconecto sintiendose inoportuno y tonto.

Miró el techo, enfocándose en la  luz amarillenta que daba la sensación de un mayor  envejecimiento en las paredes.

De pronto, un mensaje se vio proyectada en la pantalla junto a una vibración.

¨Hoy tuve también las ganas de llamarte¨

Pedro sintió un tamborileo en el pecho, acompañado de una sutil y resurreccional  ereción, que lo sorprendió gratamente.

La Pena de Alfonso

jjhjhj

Minha casa não é minha
E nem é meu este lugar
Estou só e não resisto
Muito tenho pra falar*

Fernando Brant

Las lluvias de verano arrastran ramas, que caen muy circunstancialmente ante los automóviles. Algunas veces destruyen craneos y muy pocas veces se llevan a un niño no conocedor del ventarrón , que debajo del copo de un gran árbol furioso que sale entre las calles de Belo Horizonte, presume lo resguardará por momentos. La lluvia reducida a lapsus pero con unas estrambóticas fuerzas, rompe paraguas, y en la mañana, mientras tomo el bus al trabajo veo cuan tan acostumbrados salen al centro de la ciudad. La gente se acopla, el ómnibus suda por dentro. La gente carcome un disgusto de lunes y otros mastican el consuelo de viajar y no estar, conectado a un aparato diminuto. Poco conozco de estas personas, muy pocas me han sonreído en el trascurso de este mes. Creo que a partir de las doce de la mañana los mineros, como son, salen a la luz de las horas e intentan hablar hasta sofocarse entre ellos mismos. Yo atento me consuelo con descifrar algunas palabas, en ver lo dificultosos de una persona obesa al traspasar el filtro mecánico que permite ingresar totalmente al ómnibus. Nadie habla, no existe la radio dentro. Un silencio sepulcral, y la gente risada, maquillada hasta con un centímetro de productos, salen y se dispersan.

Vuelvo a repetir, mi permanecía casi invisible, me permite analizar cosas que para ellos son necesarias que sean estáticas.

Ayer por ejemplo, extrañaba el libro de Dante que deje a medio leer. Me arrepentí llegar cansado, no tener ni fuerzas para comer. Y enterrando entre remordimientos lo que imaginaba sería mi vida de escritor, me rebalse de  melancolía y los sancudos vienen a succionarla.  Pienso y recuerdo lo que he leído sintiéndome tan desactualizado, perdido, analfabeta, en un grado de estupidez límite. Y con la congoja me levanto, presumo que el agua me restablece, me miro al espejo y cuentos como aumentan los pelos blancos en mi barba. No escribo, no leo, pero en el bus completo las historias que nunca pude terminar de leer. Consuelo de tontos escritores.

2

En vida en esta ciudad es un juego contra la gravedad. Hay que ser fuerte para no ser poseído por esa fuerza que determina que estés inmovilizado. Y todo lo quieto, se pudre y fructíferan gusanos, gusanos blancos, instantáneamente. Todos los tenemos desde que venimos a la vida. Siento este poder gravitatorio en la estación de buses, tangentes del viaducto. Los mendigos transitan pesadamente, o se dejan caer, los bichos están en ellos como en nosotros. Pero mucho más latentes, comenzado a degustarlos. Algunos luchan barriendo sus espacios de una manera conmovedora, pero los gusanos se ven en sus ojos. Los árboles que se encuentran en los alrededores crecen más verdes, al desintegrarse ellos en su paso trajinoso , la tierra, las raíces salvajes los van buscando como conductos para restablecerse. Esas grandes plantas de la Plaza Siete, son mendigos ya adormitados que se elevan en nuevos tallos y flores que tratan tontamente de superar algunos rascacielos.

 

3

La avenida Alfonso Pena, tiene cierta agilidad, tiene un proceso, un sistema. Trabajadores consumen sus cafés, se mueven para alcanzar un ómnibus, van comenzándose a hablar. Los mendigos casi se susurran. Incluso pueden hasta gritar. Los trabajadores añaden lo que el deniega el insuficiente idioma y se apoyan con sus manos, con sus ojos. Los estudiantes mastican injustamente una rutina que va entrando a modo de juego. Los viejos, quisieran gritarles ¡abandonen todo! ¡No estudien! ¡No hagan lo que se supone!, ¡aléjense de esta calle! ¡No aprendan a sumar y menos a restar!, ¡no revivan con el futbol o el carnaval! Pero callan por la vergüenza de haber sido cobardes en sus tiempos. Los jóvenes presuponen y asumen que así debió ser. Cogidos a los asientos del bus, revisan compulsivamente noticias en los aparatos implantados en sus manos, los ancianos se consuelan con el paisaje y ponen cara de circunstancias. Y es Alfonso Pena regular, real, una avenida real que, germina, crece y decrece a lo largo de la vida. Aquí por el trajín del trabajo, la muerte solo rosa a los caminantes. Los gusanos blancos quisieran salir por sus zapatos. Pero los trabajadores y estudiantes obnubilados por los relojes de entrada y salida del trabajo o la escuela, logran zafarse y mantenerlos prendidos a sí mismos. Las plantas son pequeñas. Las palmeras equidistantes deben un cuidado de muchos años, y es cosa de la alcaldía mantenerlos. El cemento y los pisos irregulares, son las huellas de hombres que mirándose a los pies se preguntaron si había otra opción.

 

4

Yo bajo en Plaza Tiradentes. No hablaré de los condominios, de los espacios sofisticados en donde la gente ha logrado no moverse pero aun así no morir por los gusanos. No es un espacio, es un no lugar. Lo artificial y lo tecnológico permite perpetuarse y hacen de las casas, bellos artilugios de cristal muy grueso. Los arquitectos fantasearon en hacer bellos ataúdes de exagerado cemento, y el hedor de esa laguna es insoportable.

No conozco, pero tengo la certeza que no es lo más alto del recorrido.

He sentido lo más alto, observando a las hormigas gigantes, o descifrando figuras en el cielo decolorado. En una noche escuchando conjuntamente a las cigarras, las cataratas, las piedras moverse, hasta en el brillo de las estrellas, en las cavernas secas, allá en el interior, en el desierto verde fuera de la ciudad. En hablarme lo necesario y sin adornos de un desconocido.

El bus no sé si llegará, si la tracción de su motor permite subir la montaña, aligerarse. Ahí no existe gravedad, estoy seguro y los gusanos tienen sus propios gusanos en potencia. Allí abajo, en la Rodoviária y aquí en Alfonso Pena se intenta un orden, copiado; allí, arriba donde fructífera el caos incomprensible para nuestros ojos con la capa del tiempo, el horizonte tiene un fin, lo bello es escalofriante, horrible para esta realidad.

* Mi casa no es mía
 Y ni e mío este lugar
 Estoy sólo y no resisto
Tengo mucho que hablar

 

Por : Miguel Ojeda Huaynalaya ; abril en Belo Horizonte.

Picaflor de los Andes: ¡Astronauta!

Pues la música siempre expresa exclusivamente la quintaesencia de la vida y de sus acontecimientos, no estos mismos, por lo que sus diferencias no siempre forman parte de ella.

Arthur Schopenhauer.

EL MUNDO COMO VOLUNTAD. Y REPRESENTACIÓN

El impacto de la conquista espacial por parte de las grandes potencias mundiales, trastocó el marco cultural en áreas tales como la pintura, la poesía y la música. En esta última, específicamente en la figura del astronauta como el nuevo navegante es una recurrencia en las principales muestras artísticas musicales en el siglo pasado. Ciertamente existe una fecha clave;  16 de julio de 1969. El espectáculo televisado plantaría nuestros límites, la posibilidad física de observarnos diminutos fuera de nuestro azul planeta. Los navegantes  huyendo del hambre que en el pasado atravesaron el atlántico, ahora enrumbarían  al espacio y los astronautas, vanguardia en la que reposa el intelecto y la fortaleza física , hombres en los cuales  ciertas frases retumbaron  ante aquella generación y quedarían grabadas en la historia. Recuérdese a Gagarin y la exclamación: “No veo a Dios aquì

Las novelas de ciencia ficción de igual modo irían generando un ambiente promisorio en donde el cosmonauta sería el templario del siglo pasado. Tanto los años sesenta y setenta  suscitaron un punto de inflexión, y es en la música , con la  irreverencia de no querer ser como los padres,como quedó demostrado en el mayo 68, se apropiaría del viajante espacial como metáfora  de la trasgresión, de el autoconocimiento con  los narcóticos muy en boga y rechazar la continua tensión nuclear que diera fin a todo lo que conocemos.

Ya en canciones como Into the void de Black Sabbat en el año de 1971  se expresaría :

 

Past the stars in fields of ancient void

Through the shields of darkness where they find

Love upon a land a world unknown

 

Más allá de las estrellas en los campos del vacío antiguo

A través de los escudos de  la oscuridad ellos encuentran

amor en una tierra de un mundo desconocido

Un deseo bucólico- espacial y el deseo de  hacerse con el silencio estelar ,dió un hipnotizante material de composición para Pink Floyd en el año 1967 y en la canción Astronomy Domine expresaría  aquel espacio etéreo en donde los planetas se presentan como alucinaciones sanadoras:

floating down, the sound resounds  around the icy waters underground.  Jupiter and Saturn, Oberon, Miranda  and Titania.

 flotando abajo el sonido resuena alrededor de las heladas aguas subterráneas. Júpiter y Saturno, Oberon , Miranda  y Titania.

En el disco No One’s Gonna Change Our World del año 1969, los Beatles nos hacen partícipes de la conectividad de ideas científicas, viajes espaciales, y la sutileza de la auto-reflexión oriental en la canción Across the unviers.

sounds of laughter shades of life are ringing through my open ears exciting and inviting me limitless undying love which shines around me like a million suns it calls me on and on across the univers 

jai guru deva om

nothings gonna change my world

 sonidos de risas, sombras de la tierra vienen a mi mente incitándome e invitándome infinito e inmortal amor que brilla a mi alrededor como un millón de soles que me llaman y me llaman a través del universo

 jai guru deva a om

 nada va a cambiar mi mundo

 

El componente moral y psicológico en la canción de David Bowie Space Odditty del año 1969, detalla una travesía desbordada en donde la soledad y la comunicación con el mundo.

 

 This is Major Tom to Ground Control I’m stepping through the door

And I’m floating  In a most peculiar way And the stars look very different today

 

Aquí comandante Tom a control en tierra,  estoy atravesando la puerta

y estoy flotando de una manera muy peculiar. Y las estrellas se ven muy diferentes hoy.

El grupo the Byrds, con la canción Mr. Spaceman en el año 1966 manifiesta lo inquebrantable de la observación y contemplación del astronauta en el espacio.

 

Woke up this morning with light in my eyes

and then realized it was still dark outside

It was a light comin´down from the sky

I don´t know who or why

Must be those strangers that come every night

Whose saucers shaped light put people up tight

Leave blue green footprints that glow in the dark

I hope they get home all right

Me levante hoy de mañana con la luz en mis ojos

Y percibí que todavía estaba oscuro allí fuera

Era uma luz descendiendo del cielo

Era una luz descendo do céu

No se quién o el porqué.

Deben de ser aquellos extraños que vienen toda noche.

Cuya luz en forma de disco deja a las personas perturbadas

Dejan pegadas verdes y azules que brillan en la oscuridad cuyo luz en forma de disco deja las personas perturbadas

Espero que lleguen ellos bien a casa

En la canción Space Truckin? del año 1971 , el grupo Deep Purple describe aquel viaje astral y el entenderse fuera de una patria común, el mundo y el viaje del cosmonauta que permite solo a las emociones dar sentido a todo.

 

We had a lot of luck on Venus.

We always had a ball on Mars.

We met all the groovey people.

We’ve rocked the Milky Way so far.

We danced around with Borealice.

We’re space truckin’ round the the stars.

Come on, let’s go Space Truckin’.

Remember when we did the moonshot

and Pony Trekker led the way.

We’d move to the Canaveral moonstop

and every naut would dance and sway.

We got music in our solar system.

We’re space truckin’ round the stars.

Come on, let’s go Space Truckin’.

 Tuvimos mucha suerte en Venus.

Siempre tuvimos buena diversión en Marte.

Hemos rockeado por toda la Vía Láctea. Estuvimos bailando con Borealice. Somos un transporte espacial por las estrellas. Adelante, vamos Transporte Espacial. Recuerda cuando hicimos el espectáculo en la Luna y Pony Trekker abrió el camino.

Habíamos ido a la parada lunar Cañaveral y todos los cosmonautas danzaban y se balanceaban. Tenemos música en nuestro sistema solar. Hacemos un transporte espacial por las estrellas. Adelante, vamos Transporte Espacio

Finalmente en el año 1975 , Serenade de Steve Miller centra su lírica en la percepción  del tiempo  y las posibilidades infinitas de entenderla.

Did you see the lights As they fell all around you? Did you hear the music?

A serenade from the stars

Wake up Wake up Wake up and look around you We’re lost in space

And the time is our own

 ¿Viste las luces  mientras caían a tu alrededor? ¿Escuchaste la música?

Un serenata desde las estrellas.

Despierta,despierta, despierta

y mira a tu alrededor, estamos perdidos en el espacio, y el tiempo es nuestra posesión.

Las influencias en la rama del rock, primordialmente norteamericano dan testimonios de la conquista espacial en las artes, específicamente la música. Pero es llamativo encontrar un testimonio en la capital de una provincia peruana, rondando los años setenta, en un género folclórico y de un sincretismo extraordinario, vinculando las  vicisitudes de un hombre  provinciano y su arribo a la luna, utilizando el  huayno, en aquel género precolombino, como estandarte.

Victor Alberto Gil Mallma (1928-1975), conocido en el ambiente vernacular de la música peruana como Picaflor de los Andes, nació en Ayacucho pero asentado en Huancayo es donde proyectaría sus composiciones y sus voz como manifestación  andina, de migrante, de proletario , de identitario y de romántico. Es en una de sus canciones: Luna lunita, donde condensaría  lo insólito de la llegada de un hombre cargado con sus ideologías a las cercanías de tal satélite.

Es en el disco Siempre Huancayo, con fecha 1975; siendo la última canción del lado A,  Luna lunita llegará a ser la perspectiva de un hombre andino engranado a la novedad de los vuelos espaciales, especialmente  desde la nave Apolo.

Luna Lunita

Tawa, kinsa, iskay, huk (4, 3 , 2, 1 en quechua)

Viaje a la Luna

Luna lunita ahora eres mía

ya no hay misterio sobre tu vida

luna lunita ahora eres mía

ya no hay misterios sobre tu vida

 

Mucho he sufrido antes de conocerte

mucho he llorado antes de conquistarte

 

-Picaflor de los andes astronauta-

-El huayno-

 

Soy astronauta de amor inmenso

como el espacio de nuestro cielos

soy astronauta de amor inmenso

como el espacio de nuestro cielos

 

Luna lunita

Amakta pukllashayki( no juegues con migo), hay selinita

amackta wañushanki (no me hagas sentir dolor)

 

Hasta las estrellas te envidian mama quilla

cuando pasaba con Apolo me llamaban

¡uija!

 

La música y su implicación antropológica

La música, desde su autonomía, debía constituirse en una fuerza transformadora o, por lo menos, reveladora.(HERNANDEZ, 2013)

Diego Fischerman afirma que: (sobre la música) se trata de una forma de expresión cuyo desarrollo puede observarse en todas las culturas y en todas ellas “la palabra cantada (el sonido entonado) no es igual que la palabra”; de allí su lugar central entre las formas de expresión cultural. (LOPEZ, 2019)

La músicas elaboradas son así una cantera estupenda de análisis, en donde circunscribirse tanto a las letras como a la tonalidades enriquece la etnografía antropológica. Ciertamente  no todos manejamos los instrumentos musicales que especificarán el estudio; hablamos de acordes, composición, estructura, etc. Pero  restringirse a la letra de las canciones no disminuye  el abordaje hermenéutico de la canción.

Señalar claramente que en la antropología  lo destacado ha sido tomar la música popular como muestra eficiente de estudio. Con ello que lo popular en el término musical, sea un componente de ideologías, que consignado a una determinada sociedad son viables a l examen; adhiriéndose a los trabajos de Raymond Williams y de Stuart Hall. (LOPEZ, 2019)

La investigadora Irene Lopez, citando a  Paul Ricoeur afirma que “...la música popular es un tipo particular de artefacto cultural que provee a la gente de diferentes elementos que tales personas utilizarían en la construcción de sus identidades sociales. De esta manera, el sonido, las letras y las interpretaciones, por un lado ofrecen maneras de ser y de comportarse, y por el otro ofrecen modelos de satisfacción psíquica y emocional.” (Vila, 1996) (LOPEZ, 2019)

La música, metáfora que expresa lo individual, de igual modo lo individual dentro de lo social, repercute en aquella “identificación” ; enmarcada en los motivos placenteros de lo que nos gusta y  aquel que nos gusta que interprete dicha canción. (LOPEZ, 2019) Sin omitir con ello factors  que poco a poco han cobrado mayor protagonismo  en la elaboración de una pieza musical popular, tales como : la discografía, las radios,  los fanáticos musicales.(LOPEZ, 2019)Y es aquella, y como lo señala Irene López; el vínculo entre el creador las personas que interpretan el sentido de la música elaborada, como amasijo  valioso de información.(LOPEZ, 2019)

En el caso específico de Luna Lunita, bien otras áreas  como la etnomusicología podrían concentrarse en definirla, y que al contar no sólo con la letras, sino que ser ella misma una expresión folclórica de baile y de ritualización familiar íntimo como lo sigue siendo en el Valle del Mantaro mostraría grandes aproximaciones.

La música en torno a su experiencia,  increpa sobre los factores emocionales de los oyentes. Las canciones así son una forma de albergar dentro de nuestros cuerpos ritmos y tonalidades.(LOPEZ, 2019)Fundamentado lo acaudalado de información entendida en las letras de las canciones populares podemos sondear más la interpretación. Por ello que  ceñirnos a  Simon Frith y su libro Ritos de  la interpretación; sobre el valor de la música popular  y sus tipos  de funciones desprendidas de una correlación social de aceptación o rechazo; específicamente en lo identitario, nos permitirán llegar a  buen puerto tratando de abordar  Luna Lunita, canción del picaflor de los Andes.

La música como respuesta identitaria

 El Picaflor de los Andes hace suyo el discurso migratorio en muchas de sus canciones  migració. Ese leitmotiv: de Huancayo a Lima; de Lima al mundo y del mundo al espacio, es clara al tratar de entender la identidad del personaje; Picaflor de los Andes, astronauta. El hombre que ha conseguido transgredir territorialmente cualquier limitante y si bien no sabemos cual es la intención del viaje, podemos rastrear el impulso ante  la travesía.

Aquella identidad andina percibida en el verso: Hasta las estrellas te envidian mama Quilla. Considero este fragmento henchido de  la cosmovisión andina ante la gran familia de los astros; el padre sol, la madre luna y las estrellas como nuestras hermanitas. Extraordinaria la ficción engendrada por Alberto Gil. La  llegada del hombre andino a la luna,  ese Hanan Pacha donde los designios influyen en todos los ambientes de su vida. Muy similar pero claramente reducido en envergadura de lo expresado en la poesía Oda al Jet de José María Arguedas: ¡Abuelo mío! Estoy en el mundo de Arriba/sobre los dioses mayores y menores/ conocidos y no conocidos. O puestas teatrales como Astronautas de Jorge Castro; en donde ucrónicamente tres astronautas son reclutados en el gobierno de Velasco Alvarado a fin de hacer dicha peripecia.

Aquella identidad social idiomática; tanto español como en quechua, en la  necesidad del astronauta nativo andino al momento de recibir  las directrices de su viaje: Tawa, kinsa, iskay, huk (4, 3 , 2, 1 en quechua)/Viaje a la Luna. Y su respuesta íntima  ante lo colosal del paisaje encontrado: Amakta pukllashayki( no juegues con migo), hay Selinita/amackta wañushanki (no me hagas sentir dolor). Así el Picaflor de los Andes , en palabras de  Mendivil : Supo además domar el español y ajustar sus frases musicales a una nueva métrica, además de insertarse en forma de producción capitalista, al llegar la modernización el el siglo XX e introducirse en el estudio de grabación(MENDIVIL, 2004)

Denominarse “ Picaflor de los Andes, astronauta”, en sí mismo  amplifica una percepción identificatoria sobre el picaflor(archilochus alexandri); una ave diminuta  de rápidos vuelos y muy  tomado en cuenta como el alma de un bebé  fallecido a temprana edad en la percepción de los andes. Esta ave excede su  límite terrenales y  se hace con el espacio digamos etéreo-simbólicamente.  Una metáfora sobre el anima de una cultura tradicional que no apetece reducirse y extiende sus fronteras, adicionando ese largo proceso que se concibe el entender en la cultura andina (yachay): Mucho he sufrido antes de conocerte.

Finalmente la relación amorosa entre el astronauta  y la Selenita, es una claro ejemplo de la complementariedad andina entre lo femenino y lo masculino. Si ben la luna requiere ser conquistada,  exige una temática de conocimiento, de dominio, en donde el sufrimiento es una posible arista. Un Leidenschaft alemán en donde la pasión acarrea también padecimiento : Mucho he llorado antes de conquistarte

¿Un Huayno tradicionalmente  Moderno?

Podemos decir que la canción del Picaflor de los Andes: Luna lunita corresponde a un periodo donde el huayno a dejado su semblante tradicional y a tomado la posta por acontecimientos a escala global.

“La tradición es contra lo que desea los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que niegan para renovarla y enriquecerla. La matan los que quieren muerta y fija.( Mariátegui 1979: 117) (FRITH, 2001) Así de consistente es el juicio que tenía el amauta sobre la innovación y  el contrasentido de grupos diversos. Así la tradición se comporta como necesaria para definir lo moderno del huayno.

Para  Steven Feld, la importancia reside en la experiencia social y relacionalmente a la del oyente en donde se ve expresada la tradición. (FRITH, 2001) Intensificando el comentario Feld increpa que lo novedosos  se da en el quiebre de nuestra propia historia auditiva, acarreando un tipo de extrañamiento dándose lo no tradicional. Necesario sería un estudio de pobladores que hacen suyos los huaynos tradicionales y evalúan la canción Luna lunita.Efectivamente la pieza musical mantiene la estructura sonora típica de un Huayno ( no me remitiré a ello en este artículo) y transgrede la temática poética  de los huaynos comúnmente conocidos.

No sabemos como José María Arguedas  asumiría la canción del Picaflor de los Andes con relación a la tradicionalidad andina. Lo cierto es que José María Arguedas entendía al Huayno: en el ella (el wayno antiguo) se concentra en la mùsica y la moderna en el texto(MENDIVIL, 2004)

Es Arguedas aquel que resalta la impronta del Huayno y su potencia tradicionalista e incólume:  el wayno ha sido poco alterado, mientras que las letras evolucionan con rapidez y han tomado formas infinitamente diversas, casi una forma para cada hombre. El indio como el mestizo de hoy, como hace cien años, sigue encontrando en esta música la expresión entera de us espíritu y todas sus emociones…. Y los waynos nuevos, que empiezan a aparecer como obras de compositores populares conocidos, son en verdad variaciones de los temas clásicos( Arguedas, 1977: 7-8) (FRITH, 2001)

Por su parte  Roel Pinedo siempre resaltó ese  lado tradicional del huayno en su performance  íntima, fuera del alance de extirpadores que persiguieron otros estilos musicales  precolombinos.  Por ser expresadas, estos ùltimos, en multitudes y con un afán ritual y simbólico a diferencia del huayno.. (FRITH, 2001)

Notorio es que en el siglo pasado , se inicia o se concretiza una industria cultural, que trata de hablar, mediante el huayno todo lo que le acontece. No es por ello alegórico que el propio Picaflor de los Andes tuviese temas tales como El futbolista.Los elementos foráneos, es decir en el sector lírico serían asimilados, mientras lo sonoro iría en una marcha lenta y paulatina Contraponiendo lo dicho por Mendivil donde establece:. La música es el factor más tonadizo del huayno, mientras que la innovación del texto se repliega a un  nivel secundario… (MENDIVIL, 2004)

Con ello puedo decir que el tema de Picaflor de los andes, Luna lunita se encaja  como “híbridos de estructura fundamental abierta” (MENDIVIL, 2004). Un tránsito espléndido entre lo tradicional y lo moderno, pero que aún carece de una experimentación sonora que posibilite desplegarla como premonitora y como germen de otra temporalidad. Luna lunita es así un umbral que intenta proyectarse a un clasicismo andino referido al huayno; un género que pueda ser entendido tanto en la urbe como en la más alejada comunidad del Valle del Mantaro.

Como menciona García Canclini:  no existe dicotomía entre modernos y tradicionales, sino que  estos últimos están entrando  y saliendo constantemente de la modernidad, así como los modernos precisan de la tradición para legitimarse. (MENDIVIL, 2004)

Bibliografía

AGUILAR, E. A. (22 de 03 de 2018). Trabajos de Titulación udla. Obtenido de Trabajos de Titulación udla: http://dspace.udla.edu.ec/handle/33000/8581?mode=full

FRITH, S. (2001). Hacia una estética de la música popular. La culturas musicales: lecturas de etnomusicología, 413-436.

LÓPEZ, I. (2019). Consideraciones en torno a la canción como objeto de estudio. Jornaleras, 1-14.

MENDIVIL, J. (2004). Huaynos híbridos: Estrategias para entrar y salir de la tradición. Lienzo, 27-64.

HERNÁNDEZ, D. (2013) Theodor Adorno, elementos para una sociología de la música. Sociológica, año 28, número 80, pp. 123-154

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Luna Lunita-Picaflor de los Andes

Miguel Huaynalaya

Belo Horizonte , 2018

Leidenschaft

 

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Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

Génesis 2:7

No requiero escrribir este escrrrito. A lo más, podría condensarse en una especie de divagaciones silenciosas en una habitación completamente oscura en donde   lo más  importante en ese momento sea el sonido de las patas de los millones de insectos, que no observamos por su pequeñez, pero como Dios, están ahí. Este fragmento que deberá tomar algunos minutos condensar, hacer aquel juego de asimilarlo en tu mente, amoldarse en tu pensamiento, no debería existir. Los recuerdos son una gota en al cual se condensa todas las posibilidades. Mi historia es  una minúscula materia que posee gravedad y es en el texto donde por ahora tiende a caer repetidas veces. Estas palabras por si mismas son los fenómenos de su expresión más vulgar. Ni el mejor escritor podría describir los hechos, llegar  hacia alguna esencia, rascar ni si quiera la piel del entendimiento. Porque el en centro, en lo más cercano al yo de una anécdota, está la oscuridad fría de la sinrazón.

Yo me veo libre, pues ahora soy polvo. En esta gran sala en la cual resido ahora. Pues en este estado de polvo sólo es la visión y el silencio de mi yo y el mundo. La celda en la cual pase más de treinta y cinco años, fue peculiar. La libertad debe ser comunicada. Soy libre y sigo comunicándome con migo mismo. Soy libre pero  soy preso de mi pensamiento. Soy eternamente condenado a mis palabras que en las pesadillas, porque aún se sueña en mi condición, tiene otro efecto, más purificador. A veces me conmuevo con la palabra, por ejemplo digamos: burbuja. Si llorar en mi estado de polvo es moverme menos con las corrientes de aire, he caído pesadamente en mí mismo, disgregando más polvo. Pero cuando era hombre, y no polvo. La palabra, sigamos con la misma: burbuja, tan raramente salió de mi boca.

No comentaré porque estuve apresado. Fui condenado justamente. Una vez vi una entrevista a una anciana, preguntándole sobre aquella cosa que extrañaría más en el mundo al morir. La viejecita contesto señalando el cielo que serían las estrellas y el pasarse el tiempo buscando alguna forma en ellas. Esa anciana, tan distante de mí, probamente en una ciudad lejana por su modo de hablar, se parecía a mí. Dos cosas fueron las que me quebraron el corazón al ingresar a la celda: no ver más las estrellas y no saber si ya había muerto aquella anciana por la que hubiera dado todo por conocer. Existen muy pocas personas que valen querer en el mundo.

Esa celda húmeda olor de perro mojado, lo comento pues tengo el poder de sentirlo con mi nariz- ocasionaba que estornudara hasta taparme las orejas, hasta producirme jaquecas, hasta casi explotar las venas de mis ojos. Bueno, aquella celda tenía una gran filtración en la pared que a nadie le interesaba a pesar de mis continuas quejas. Esta, con los años, recuerdo que fuera en el año quince en mis cuentas, quebró una gran parte de la pared. La celda informalmente construida en la ladera de una pequeña montaña, me permitió  en unos días, casi fueron tres semanas, ilusionarme el imaginar quizás que se pudiera expandir más y más hasta que finalmente  pudiera escapar. Tantos años encerrado y tenía una ilusión. Soñaba con la anciana continuas noches.

Pasaron meses y la filtración continuó, haciéndose un gran agujero en el cual pude entrar casi a la mitad. Una noche intente traspasarla y desilusionado me di con la montaña, aun más húmeda.  El carcelero me dijo sarcásticamente, que  si quería podría seguir escavando, que el mismo me daría una pala para el trabajo. Esa noche me soñé como un ratón dentro de un gigantesco queso.

La consistencia de esa montaña me llamo la atención. Arcillosa y de un color tenuemente rojizo. Pasaron unos dos años hasta que se me ocurriera arrancar un gran pedazo y otros meses más para espaciarlo en mis manos a modo de juego y sentirlo en mis  dedos. Al año de interesarme  por la arcilla, comencé a hacer pelotitas, cuadrados, pequeños triángulos. Recuerdo al lector que fue ese único pedazo arrancado el que utilice  siempre.

Su liviana magnitud en mis manos me permitió hacer paulatinamente cruces, cilindros. Formas básicas que fueron deviniendo en cosas mucho más complejas. Nubes, pequeñas cucarachas que entraban en mi celda. Algunos otros insectos que nunca sabré  sus nombres. Finalmente extraer de aquella memoria de preso formas humanas. El carcelero encontró una vez a un pequeño niño hecho en mis primeros intentos. Sorprendido pidió se lo regalara, o que hiciera otro para él. Opte por romperlo y dejarlo consternado.

Años que reacia las mismas formas con ese pequeño pedazo de arcilla. Miles de personas que tenía en mi memoria. Mascotas que tuve, hijos, esposa, madre, abuelos, amigos. La persona que maté y por la cual estaba encarcelado. Años y años haciendo figurillas. Los carceleros que cada cinco años iban cambiando seguían asombrándose por  mi trabajo. Incluso el alcaide al ver la calidad de mis trabajos pidió mostrar mi talento al ministro. Negándome, tomaron fotos de ellas pero nunca permití acercarse a mi pedazo de arcilla. Quebraba, las pulverizaba y volvía a comenzar. Ofrecieron  replantear mi condena si hacia el trabajo fuera de mi celda. Pero sabía que  el mundo había cambiado tanto como para integrarme a ella. Que la anciana ya había muerto. Era otro mundo, los hombres eran una especie que  ya no podría entender.

Los últimos años, y a cuestas un mal respiratorio me impidió incluso sentarme en el suelo donde acostumbraba trabajar, echado en cama ahora recreaba toda mi memoria en las formas. Plantas, la forma de las olas del mar extinguiéndose ante una piedra. La luz en la mañana ante el lomo de un perro; el cielo atravesado por una ave solitaria. La forma del miedo de una hormiga al ser pisoteada, la alegría de una anciana por haber olvidado todo. El dolor de un ceramista condenado a hacer figurillas.

Nunca había logrado hacerme a mí mismo con la arcilla. Extraviada era mi forma, mi rostro. No pude verme en el reflejo del agua en aquella tasa casi completamente oxidada, en el plato de madera  donde recibía mis alimentos. Pero una mañana me soñé  observándome en un gran espejo pulido hecho de arcilla. Pude levantarme a duras cuestas esa mañana. Recordábame mi rostro, mis manos, las venas de mi cuello, los lunares de mi espalda; la caries en uno de mis dientes. Realice mi trabajo. Terminada mi obra,  la acerque a mí, sople levemente en ella, dejándola finalmente puesta en la mesa. Al poco tiempo comencé a asfixiarme y caí al suelo, ahogado, morí viejo, sintiéndome liviano.  Ahora lector, el tiempo se bifurca aquí. Un segundo de oscuridad y soy el muñequito, puesto en una vitrina en una gran museo. Discuten si usarán las mejores técnicas para mantenerme  por varios años. Al fin,  una mujer experta señala que cualquier intento de mantenerme por más tiempo sería mi desaparición. Me colocan en un cubo de  vidrio revestido. Viajo, llegó a  otro gran museo. Muchos hombres me rodean, toman fotos, me señalan mientras susurran. Pero voy desintegrándome. Cada partícula soy yo y soy tan pequeño que es posible salir de la urna de vidrio que me contiene. Vuelven  los expertos a ver como me extingo como un reloj de arena. Plantean nuevas técnicas de conservación. Pero sigo deshaciéndome. No instantáneamente, pero los años corren. La mota de polvo que ha intentado contarte la historia es una de las millones de ese fragmento arcilloso que pudo salir y flotar, una  que cautiva a artistas, a personas comunes, a los extras de toda historia. Esa partícula de arcilla que por ejemplo entro a  este escritor melancólico para intentar narrar algo. De seguro en otro escribano la historia hubiera tenido un matiz distinto .Quizás se diría en su escrito que es el carcelero  y no el preso el que quedo retenido en la cerámica. O ser contado con un tamiz humorístico entre dos amigos en medio de una gran ciudad, o en la forma en que un niño cuenta su pesadilla a su abuelo a fin de calmar sus temores. ¡Bah! , incluso en un joven creando la trama perfecta de un nuevo videojuego.

Dibujo: Miguel Ojeda Huaynalaya

Autor: Miguel Ojeda Huaynalaya