Eros 4.2

La peculiaridad de Mariella era retenerlo en el momento mismo de la cúspide de su placer. Ella ejecutaba cualquier artimaña para poder retrasar su pequeña muerte. Si bien, lograba amoldarse armónicamente en el pasadizo de su casa, y sucumbiendo a sus ordenes 

Mariella  lo contuvo en el suelo y ella pudo expresar en aquel espacio, en sus ojos desorbitados, en su piel trémula y su salivación exagerada la llegada del clímax. Impidió que Pedro sea sustancialmente con ella en el líquido retenido de su pasión.

Mariella había ejercitado su expresión multiorgásmica, hasta llegar a  dominarlo mentalmente. A veces podía como lo fue en el pasadizo algunos minutos para degustarlo y otras, como lo tenía planeado y como otras veces lo hizo, demorarse degustando el movimiento, la fuerza de las manos en la intención de rasgar su piel, algunos  besos desesperados y sobre todo, cerrarse al mundo y sentirse acoplada, lamida, samaqueada, arrinconada contra el mobiliario.

La situación, mencionada en el pasadizo de la casa, terminó con ese gemido contenido en algunos momentos, mientras Pedro llevado al límite ante la sensación y espectáculo visual de la prendas negras contorneadas a los muslos, a los senos, a el cabello  ladeado por Mariella para que él pueda ver su rostro mientras ella mordía sus labios y lo miraba frenéticamente. 

Pedro se sentía utilizado pero albergaba el placer final como recompensa, recompensa que fue obstruida cuando acalambrada por la posición pero ya degustada con su placer, Mariella se retiraba, lo levantaba y  le liberaba del preservativo húmedo. Ella noto que el complemento milímetro que impedía se sintieran ya albergaba alguna sustancia interna y a su vez que el miembro de Pedro se humedecía  trasparecialmente olvidándose del reposo que ella suponía necesario. Tomándolo del miembro lo introdujo a la cocina, sin antes decirle que se mantuviera callado.Lo dejó  parado con el miembro caliente y aún espléndido para la faena. Y Mariella hidratandose con una botella de agua helada sacado del pequeño refrigerador,  miraba el preservativo, lo amarraba y se lo colgaba  en una tira de su ropa íntima  negra que bordeaba su cintura. Hidratada llamó a Pedro para que también se consolará con agua pues esto no se había acabado.

Mariella observándose, atrajo a Pedro con un índice. Él, acercándose, sintió un cosquilleo   zigzagueante en la médula. Al acercarse, Mariella lo beso solamente en los labios inferiores, mordiéndole , en algunas veces dura y otras entre lo tierno y lo inadvertido.

Pedro se dejaba a ella, en total complicidad y esperanza de un afán de sensualidad y perversión. Susurrandole le dijo

-Ya se que te he dejado a mitad del camino. Debo comprobar si aún estás recio  para dejarte entrar en mi

-Pedro atino a masajear un pezón librado del sostén de Mariella.

Ella  sonrió y buscó los labios húmedos de Pedro, mientras se amarraba el cabello y alejándose un poco de  dijo:

-Seguro ya olvidaste lo espléndida que soy con la boca

-Pedro asintió y en su mirada se notaba la ansiedad de tenerla ya abajo.

Mariella se encaramó en la mesa de la cocina, reclinada,  y brindándole su intimidad humedad entre sus piernas le dijo:

-Antes de volverte loco, tú me tienes que volver loca a mi.

Le volvió a indicar se acercarse y teniéndolo retenido de los cabello lo dirigió a ella misma, y sintió como la lengua de Pedro inspeccionaba el espacio, como sensibilizaba  el punto central de terminaciones  nerviosas que le hacían temblar las cuerdas vocales de Mariella.

Pedro la besaba  inicialmente, pero paulatinamente, obviaba la lengua para finalmente comérsela sin comérsela. Mariella no tenía otra opción que maximizar la experiencia, mientras retenía y sacudía la cabeza de Pedro, masajeaba sus pezones, lamió un dedo suyo, se arañaba suavemente.

Los gemidos y la inicial penumbra de la noche, enmarcaba la escena. Los sonidos de Pedro y su boca, similares a comerse una fruta perfecta y la voz quisquillosa de Mariella hacían de la cocina un cuarto de torturas en las cuales las víctimas  exigían más y más.

Y de repente sonó el móvil de Mariella, apostado en el borde mismo de la mesa.

Ella observó la pantalla y dirigiéndose a Pedro le dijo:

-Continua

El pudo buscar un ángulo diminuto entre la lengua casi adormecida y sus labios inflamados por el roce desenfrenado.

-Hola Sammy, pudo decir finalmente Mariella.

Pedro la escuchaba, contenerse y atenuar su voz , pero las vocales se le alargaban y respiraba compungidamente.

-No Sammy, tuve salir deprisa del trabajo, no creo poder salir hoy.Tengo un asunto entre manos y ya mucho tiempo lo he ido posponiendo.Dijo Mariella, con diversas pausas, determinados silencios que coincidían con los pequeños roces que Pedro hacía con sus dientes ahí abajo.

-Claro, puede ser la próxima semana: sí, estoy bien, un poco agitada haciendo la limpieza de la casa.Limpiando el piso me he mojado toda.Respondió Mariella mientra  pudieron encontrarse las miradas con Pedro y se sonrieron brevemente.Mariella lo tomó de los cabello dirigiendolo a culminar su trabajo.

Finalmente cortó la llamada.Mariella dijo: ¡ Por fin!, y gritó, sintiendo desvanecerse  mientras preguntaba a Pedro si le gustaba hacer eso.Pedro imposibilitado de gesticular palabra respondía con breves mmm…  a tal cuestionamiento.

Sabiéndose lista, Mariella ordenó a Pedro diera todo de sí mientras Pedro casi sin sentir sus labios optó por sacrificar su lengua para aquel orgasmo  que Mariella experimentaría en  la mesa de la cocina de su casa. Ahora ella había sido el plato principal y se sentía a pesar de haber sido devorada, fragmentada pero paulatinamente llena y satisfecha, pero en lo recóndito de sus estremecimientos sentía que podía haber  más, podía llegar a más.SIempre había espacio para el postre.

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