Eros 3

Pedro compungido, había pasado algunas semanas, entre la acumulación de trabajos universitarios, conflictos con su casero que aumentaba semanalmente el alquiler de la habitación universitaria, y del vecino suyo que como mecanismo de tormento, generaba un barullo histérico  en el piso, entre dolor y goce hacían a Pedro estudiar con los audifonos presos y bien presionados a las orejas, y otras ya desgastado y vencido , encontrarse en la sesiones amatorias de Miguel, su vecino que nunca había cruzado palabra pero aquel que  su nombre, ensordecía el piso y generaba risitas maliciosas en el casero cuando Pedro se encontraba con él

-Has visto Pedro? Ya le he dicho que me presente a una amiguita. Decía don Manuel sobre Miguel mientras se rascaba el mentón.

-Yo espero solamente que lleve alguna vez una muda. Decía Pedro , intentando zafarse de dichas charlas banales

Mariella no se comunicó con él,  pasaron algunas semanas y eso que él  había mandado ciertos mensajes que no implican acercamiento, o algún tipo de cita, solamente un intento de  continuidad de comunicación, desde el juego de los números se habría acrecentado un silenció tortuosos.

La desesperanza, venció su intento de comunicarse y  el mejor centrarse en aquellos meses finales del año que implicaba un poco de esfuerzo para salir bien librado de la universidad.

Aquel fin de semana, agotado  de los estudios, pudo recostarse en la cama, suspirando por el agotamiento semanal, miro el celular  y encontró un mensaje.

– te hice sufrir?; seguido de otro: nos quitamos el gustito?

Con los latidos acelerados, y una salivación tipo pavloviana en la boca, se apresuró en responder, concretamente y sin la magia de la insinuación que albergaba Mariela en ciertos momentos.

-Donde y cuando Mariella? 

– Pero serán según mis disposiciones y no habrá reclamos. Estarás a mi disposición.Respondió el mensaje Mariella.

Pedro sintió un hormigueo que se originaba en la barriga y se extendía a todas las extremidades y principalmente entre sus piernas.

-No puedo pedir nada?- Escribió Pedro

-Tranquilo, se como ser complaciente y complaciente conmigo misma.No te olvides de traer solamente municiones para la batalla. Escribió Mariela

– LLevaré demasiados

-Los necesitaremos- escribió Mariela. Vienes este sábado a las dos de la tarde?, finalizó.

-No puede ser más temprano-Escribió Pedro.

-No, escribió Mariela, añadiendo…Tendrás unas horas para saborear en tu mente antes.

La casa de Mariella, se situaba en un barrio extremadamente peligroso. Era necesario presteza y buena observación para llegar a ella y no tener un  par de delincuentes que merodeando encima de alguna moto. Si no fuera esto lo complicado,existía también el hecho mismo de poder entrar en la casa de Mariella. Viviendo en un piso superior se encontraba una tía suya que en ocasiones llegaba de improviso cuando menos lo esperaba. Sus pasos eran livianos, muy parecidos al de un gatito. Por otra parte el hecho  asustador de las madrugadas , pues en el frontis de la vivienda de Mariella existía un espacio adoptado para que funcione una panadería la cual era religiosamente utilizada por el tío de ella. Es decir, a pesar que Mariella vivía solitaria y ocupaba un espacio amplio,  ella tenía una par de guardias sexagenarios los cuales aparecían uno en un horario establecido y otra en el momento menos imaginado.

Pedro apareció muy puntual, ante la puerta blanca de la casa de Mariella. Ella supo que estaba afuera esperando, pues le había avisado previamente con un mensaje, por tal motivo la puerta estaba semi cerrada, con una nota detrás de ella.¨Entra y ciérrala bien¨. 

Pedro ingresó, guiándose con los dedos ante la oscura pared del pasadizo.La llamo dos veces: Mariela!, Mariela! y ante ello un silencio tenso se iba acumulando en el espacio. Él, que ya conocía la habitación de ella, ingresó y sintió el aroma de unos palillos de incienso flotar en la habitación. El olor se dejaba mezclar entre cerezas y azafrán. Una nota puesta en la cama, tranquilizó momentáneamente a Pedro.

̈ Desnudate, quédate con las medias , los zapatos y  pon lo esencial en la mesa. Al final vendate los ojos con aquel paño de tela oscura¨

Era una temporada cálida de verano, que asfixiaba  no al medio día, muy por el contrario se sentía su mayor fuerza a las seis de la tarde, cuando el sol se ocultaba y un  color azulado inundaba el cielo agreste de la capital.

Pedro, que había recorrido un cierto tramo desde la estación de bus, hasta la casa de Mariela, se sintió liberado. A pesar de que en aquel piso que ocupaba Mariella, el sol no se manifestaba es su máximo esplendor, la calidez perduraban y la livianez de estar desnudo, lo deja algo contento.

Recostado, desnudo y poniendo lo esencial, digamos lo requerido por Mariela. Pedro comenzó a sentir  a calentarse y también se  sintió vulnerable. ¿Porqué mantener los zapatos?.Se preguntó.

Tras unos minutos,pudo escuchar unos pequeños zapatos altos, chocar con el piso.Cada taconeo, intensificaban el bombeo de sangre de Pedro a todas sus partes, se sintió mal por no esperar a Mariela, en tal grado de desnudez sin ninguna erección lista. Intento animar la extensión donde se deposita la cúspide de la sensibilidad pero de pronto, sintió el inicio de una música ambiental y tenue, haciendo del ambiente de oscuridad que experimentaba Pedro, en una intensificación de cuestionas sonoras, oloríficas y de un momento a esta parte; táctiles, puesto que los toconeos se aproximaban,Pedro intentando adivinar cuál sería el primer contacto de piel con la  piel de Mariella. Supuso que se decepcionaría de su miembro aun flácido. Pero sintió un perfume añadido al incienso acercarse por el cuello y sentir suavemente los cabellos de Mariela recostarse  al rostro de él.Los dedos de Mariela traían con ella un adminículo, que ella intentaba colocarlo no con cierta presteza.Finalizado, sus dedos rodearon el vientre de Pedro y Mariella, exigió no tocarla, sino hasta que ella lo decidiera. Sus dedos viajaron a  su pecho, sus muslos. 

Tan indescriptible sensación por la reducción del sentido visual ocasionó una sensación gigantesca, manifestada en una erección contundente y sólida, que aperturaba el juego que Mariela había planeado y Pedro había saboreado toda la mañana.

-Levántate- dijo ella.

 Pedro sintió que en su cuello , una especie de cinturón le oprimía,  pero sin ningún dolor en  todo el radio del cuello, sintiendo el tirón de una correa que seguramente del otro extremo lo manejaba Mariela.

Al levantarse, ella dijo que ahora podía quitarse la venda.

Él se encontraba, con los zapatos puestos, desnudo, y acordonado por el cuello con una correa. Ella,  fastuosa con ropas íntimas negras, compuestas por una medias que llegaban a los muslos; una especie de micro vestido negro, que exponía muy bien la contradicción con su piel blanca carente de rayos del sol y un peinado ladeado, decoranda con una cienta amarrada en la cabeza, a modo de liston, dando  a entender  que podría suponerse todo esto un regalo. Sus zapatos altos la hacían ver más esbelta de piernas, y sus manos cogiendo la correa que la estiraba de cuando en cuando, tirando de Pedro del cuello, la empoderaba en dicha en la escena. 

Se miraron a través del espejo, ella se acercó , nunca soltando la correa de una mano, y cogiéndolo del miembro con la otra le dijo:

-Estas listo? Vamos a dar un paseo completo por toda la casa.

A través del espejo, se miraron y Pedro asintió con la cabeza. Mariella cogiendo de la correa con una mano, y el miembro ahora palpitante de Pedro, busco los labios y bebio de ellos, sin dejar de verse a través del reflejo. Ella soltó un micro gemido, preludió de todos los otros que se esparcirían en el aire.

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