Eros 2

Pedro tuvo el temor de responder inmediatamente. Las manos comenzaron a sudar e intento imaginar la mejor respuesta corta  ante la directa insinuación. Meditandolo, sintió que debería estar a la misma altura del comentario anterior. Inscribió algunos caracteres en la pantalla y sellando el pequeño mensaje con una carita, supuso haber mandado el código por el cual  Mariela identificara la sutileza del recado.

-Y si nos vemos y tomamos algo (imagen de una carita con el guiño)

Esta vez el mensaje sólo demoró alguno segundo:

-Mañana,en la esquina cercana de mi casa a las diez de la noche?

-Perfecto, respondió Pedro.

No quiso aventurarse en el planeamiento placentero de cómo retomar las insinuaciones con Mariela. Se dejó al placer de deslumbrarse ante cada cercana aproximación.

La mañana siguiente pasó ligeramente rápida, el despertar a las diez de la mañana, tomar un desayuno somero y dedicarse a trabajos de la universidad, ir a alguna clase que, extrañamente cancelaría el docente y volver a casa, cenar mientras veía una película muda y tomar un baño, buscar la ropa menos arrugada y estar expectante desde las nueve de la noche, mientras el corazón le latía mucho más deprisa. Salir apresurado de la habitación, despedirse de un compañero de cuarto y volver  entre sus pasos, pues había olvidado apagar las luces  y traer el único preservativo que aún  sobrevivía al  calor de verano y a la fecha de caducidad.

Vio a Mariela, con un vestido rojo y panties debajo de ellas. La vio algo distraída, como contrita. Pedro llegó y al notarlo, Mariela junto sus manos , jugando entre sus dedos, mientras lo miraba sin decir hola. Ambos estaban nerviosos, pero Pedro entendió que debía tomar alguna iniciativa.La abrazo y dándole un beso aprovechó la situación para oler sobre su cuello, sintiendo el perfume, el diminuto olor a  jabón que mostraba un baño antes y cabello aún mojado, reafirmando. Ella sólo puso sus manos en la espalda, frotandolas circularmente, acentuando el inicio de una cierta comodidad.

Pedro, entre el nervio y la excitación, ofreció a Mariela ir a un bar medio oscuro, en la calle donde abundaban espacios estridentes, donde jóvenes o preferían gritar músicas, bailar desenfrenadamente, o como en esta ocasión nosotros sentarnos en unos sofás de cuero sintético, escuchando música y bebiendo alguna cerveza, un mal menor entre tanta diversidad de tragos, pero que era lo que más generaba confianza ante un bar vacío, oscuro y con una cantidad excesiva de mozos.

Sentados en un primer momento frente a frente, fueron inspeccionadose, viendo la vaguedad del tiempo en las formas del rostro, en el cuerpo se iban disipando ante la comodidad de esa relación temporaria que no exigía nada sólo presteza en determinados momentos, en circunstancias en las cuales o por una ordenación cósmica o una alta cantidad de energía sexual retenida, les hacía atraerse. Las conversaciones se fueron descomplicadas, no necesitaban contarse todo para saberse necesario y aproximados. Tras dos cervezas, Mariela cambió de lugar y sentándose a  lado de Pedro, inclinó su cabeza en su hombro mientras tarareaba una canción en inglés que contrariamente no coincidía con el video de las pantallas. Busco espacio para extender su brazo por la cintura y haciendo círculos con sus manos, minuto a minuto bajaba algunos centímetros. Ella lo sentía y entendía muy bien y acercando sus labios cerca de la oreja le dijo:

-Y si vamos a otra parte?

Pedro había cortado la última vocal de la frase y beso los labios de Mariela y ella, deseosa hizo el juego íntimo de hurgar con su lengua la lengua de Pedro.Haciendo un noble arco que permitiese que Pedro con la lengua jugase a frotarlo.

Su cuerpos, respondieron debajo de las ropas que los cobijaban. Mariella no dijo nada, y dejo sus manos ser libres entre las piernas de Pedro que contemplaba el rostro de Mariella con tono de suplica. El atestiguo con la cabeza, mientras ella aprovechando la oscuridad del espacio urgó hasta encontrar  la calidez del miembro de Pedro, que ya para el beso había tenido una autonomía y presteza excelente. Extendió sus dedos que al momento de verse se sentían torpes e inseguros y ahora mostraban agilidad y experiencia. Envolvió  diametralmente el miembro con los dedos y mirándolo a los ojos le preguntó en una simple palabra, generando en Pedro una aceleración y al mismo momento una relajación en extremo:

-Así te gusta?

Pedro volvió a besarla mientras hurgaba en el desenfreno por debajo de su falda, encontrándose con una pícara sorpresa.Mariela, había ido al encuentro sin ropa íntima, y dejando un sendero abierto entre las pantis negras que cubrían sus piernas.

Ante tal  auspicioso ambiente, Pedro junto los dos dedos centrales de la mano derecha y haciendo círculos entre los labios humedos de su sexo la miraba a Mariella magneticamente, ella sólo abria y cerraba compulsivamente los ojos, mientras él verificaba que esos movimeintos hacian del cuerpo de Mariella un campo humedo y caliente en donde quería recostarse.Podría decirse que estuvieron así por varios minutos, entre vistazos rápidos ante un mozo entretenido, que no venía o que en una espacio que le permitira fisgonear, se complacia con la escena.

Pedro, bendiciendo aquella mano, sólo atinaba a soltar pequeñas vocales, el comenzaba a sentirse humedecido por todas partes.Mientras se besaban y miraban, Mariela se desprendió de Pedro , pues había recibido un mensaje. Revisó en su movil, disculpandose dijo a Pedro que iría al baño para hacer una llamada.

Acomodándose Pedro las prendas, se apresuró a terminar las cervezas y buscar un lugar  en su memoria donde poder ir con Mariela y culminar tal apabullante escena.

Mariela , con una mirada contrariada, dijo que su madre la había llamado con urgencia y tenía que ir de inmediato a casa.

-Disculpame, te debo una.

Mariella se sentó, y pidió un taxi  pero mientras llegaba podía volvió a besar a Pedro.

Pedro se sintió triste y algo acongojado. Pero Mariela con una cara juguetona  acercó sus labio a las orejas y le hizo una pregunta

-Dime un número?

Pedro, contrariado, pensó en 12.

-Sólo 12, respondió Mariela

-Si,sólo doce. Respondió Pedro, algo gruñón.

Pues cuenta le dijo. Mariela buscó nuevamente el miembro de Pedro que con la la simple voz melódica había recobrado su dureza inicial y una pequeña esperanza de que Mariela mudara la idea de irse. Mariela levantóse levemente la falda, se sentó y aún mojada por los juegos previos, se sentó rápidamente en el miembro de Pedro que asombrado y desorbitado por el placer, se dejó ser sometido a la dirección de ella, que dirigiendolo le hizo entrar suave y muy cálidamente

Moviendo la cabeza hacia él, le dijo: 

-Vamos cuenta, pero sólo hasta doce.Con una voz fuerte y clara.

Y fueron los diez primeros saltos pausados pero profundos donde se sintieron húmedos y excitados mientras Pedro miraba como Mariela mordía sus labios y le pregunta:

-Así? .

Y volvía a decir:

-Sigue contando.

Pedro contaba gozando llegando al once y donde sintió llegar a la parte más profunda de ella y en el número doce, pues ambos habían llevado la cuenta, Mariela volteó a mirarlo y dijo el número doce más largo que Pedro había escuchado.

Un doooooooooooooooooocccccccccccccccceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!  mientras movía las caderas circularmente hasta salirse impregnada un poco de ambos y ver como el miembro de Pedro se veía brillante . Deseosa también ella de más, aguantó las ganas de quedarse prendada.

Pedro intentó retenerla antes, pero Mariella se safó caricaturescamente. Y dándole un beso le dijo que la próxima sería hasta el número mil.

Acomodándose Pedro las ropas, y algo fuera de sí. Salieron juntos del bar.El mozo algo conspirativo los miraba y dejó una sonrisita en el aire.

Mariela se despidió y subió al auto. Pedro tremebundo, quedó grabado con la imagen de Mariela contando  el último número. Llego a casa, se recostó con las mismas ropas, y se dijo que  no sería hasta el número mil, sino demasiados números doces.

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