Eros 1

Nuestras vidas habían tomado la vorágine de la pasión en que se quieren hacer las cosas a fin de no caer en el ensoñamiento  agrio de un pasado con disímiles altas y bajas. Las instancias que unen a estos dos personajes, linda con  el placer,  con la única instancia en la cual a veces unimos relacionamientos y perduran más que la confianza, la lealtad y la moralidad establecida.

Esta pareja, tenía la fijación sutil por comunicarse tangencialmente, el de no involucrarse más que en la seducción de un acuerdo planteando, de las horas mordisqueando el deseo de poseerse, y salir , confiados en que por ahora se podía sobrevivir unos años más a fin de condensar esas experiencias hasta el encuentro próximo fortuito, pero planeado en el silencio, en un modo ritual de conocer todo lo que uno podría enseñar en el siguiente encuentro.

Habían pasado tres años y Pedro, había claudicado  en lo que podría suponer la única esperanza de su vida: la música. La vida había tenido un sabor amargo. Sopesaba su existencia automáticamente, se vestía, se miraba, se osculcaba y se ponía en frente de montículos de aparatos eléctricos a fin de ir arreglándolos y poder conseguir pagar  algo que perdure el tedio. Padecía  un somero entusiasmo en las noches, dónde la libertad del azar en los sueños, compulsivamente despertaba sus deseos retenidos.

Había  tenido encuentros casuales con una somero número de mujeres, universitarias, colegas de trabajo e incluso una profesora suya que lo instigó en una tarde a apoyarla en un trabajo que implicaba reparar el ordenador, trabajo que se extendería con unas cuantas latas de cerveza y una desesperante muestra de cómo las uñas de una mujer pasada de los cuarenta años podía hacer con su espalda. Pudo acompasar los movimientos frenéticos de su profesora, pero claudicó en la confianza de pedir, de sugerir que hiciera algo para él.Fue ella la que lo movió, lo atrajo entre sus piernas, la que tomándolo del miembro lo dirigía a cuanto espacio pudiera ser profanado con sus cuerpos que excedían de sudor, ante esa casa al medio día. Fue la primera vez en que tuvo que estar dentro de una mujer, minutos después de haber terminado, pues aquella profesora, entendía muy bien  lo que ella buscaba, y sobre todo lo bien que había conocido su cuerpo, previamente. Nunca antes había  sentido sucesivas convulsiones de la pelvis de una mujer, de retenerlo, de golpearlo, de indicarle le mordiera en el cuello, de sincronizar mediante sus propios estipulaciones, cuando y como penetrarla, él sólo siguió humildemente la corriente del desenfreno, había sentido que la autoridad de los papeles incluso en la cama, no toleraba la subversión estudiantil. Algunos seres ejercen su poder y otros gustan de ser sometidos a ello.

Al llegar a casa, con los testículos adoloridos de tantas eyaculaciones, se sintió metafóricamente vacío. En la cama, mirando el techo, sintió que  ya pasaban mujeres, tiempos, días y él seguía  logrando solo terminar y expulsar  toda su carga  en pleno goce de sus facultades, aquel que sentía desde su cadera hasta los pómulos de su cara teniendo en mente a  Mariela. Siempre ponía a todas sus compañeras, de cuatro, la forzaba no mirarlas incisivamente a los ojos y mantenerse en silencio,  ahora lo pasado con la profesora, impidió conseguir un tipo de placer auto-meditado pensando en Mariela, muy por el contrario su cuerpo fue solo un cuerpo que es máxima frotación tenía que desembarazarse del  calor.

El cuerpo buscaba detenimiento,el espíritu de Pedro, buscaba en todas las direcciones. Encendió  su celular, buscó una plataforma musical, y se dejó escabullirse, en una cadenciosa música elegida por la misma red. Su cuerpo inmovil experimentaba la sensación de haber hecho una maratón sin meses de entrenamiento, forzado por la jerarquía de la docente y el intento de mejorar en sus calificaciones. 

Inspeccionado su móvil,  revisó los contactos prehistóricos a los cuales no había intentado conectarse o por desidia o por su tensión social que iba agravándose; amigos de la ciudad, compañeros de un antiguo y reducido trabajo de verano en las afueras del pueblo, colegas de un curso de idiomas, y Mariela. Era ya dos años que se encontraron una noche clandestina de navidad, y fueron entre promesas y promesas natalicias, a pesar de la desconexión y la poca comunicación entre periodos de tiempo, donde se rindieron a una intensa conversación que implicaba seducción , indefensos  e inadvertidos roces y finalmente, heroicamente animados por uno o por otro, claudicar en un mismo hotel. Hotel que pasó por diversas reformas y que generaba una broma íntima en Mariela al decir que cada polvo dado, era un ladrillo más  en la ahora tremenda edificación. 

Pedro miró la foto que acompañaba al número ,tuvo dudas de que aún se mantuviera activo, suspiro y comenzó a llamar. El cansancio  le impedía mantener muy bien el brazo levantado, su cuerpo rendido, se daba al cansancio y a la búsqueda de confort. Timbró por segunda vez, arrepentido, desconecto sintiendose inoportuno y tonto.

Miró el techo, enfocándose en la  luz amarillenta que daba la sensación de un mayor  envejecimiento en las paredes.

De pronto, un mensaje se vio proyectada en la pantalla junto a una vibración.

¨Hoy tuve también las ganas de llamarte¨

Pedro sintió un tamborileo en el pecho, acompañado de una sutil y resurreccional  ereción, que lo sorprendió gratamente.

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