Abancay

DSCF3081

¡Baja!

-¿baja Abancay?

-Si baja

– ¡Baja! ¡baja! con pie derecho, pie derecho. ¡Todo Grau, todo Grau!

Grau, grey, gris. Avenida cenicienta. Odio  venir por aquí. Odio que  me llames cuando estos en mi cuarto pintando, escribiendo, haciendo música. Por último estar tirado en la cama pensando: No te da derecho de sacarme. Lo entiendo, me amas. Lo entiendo, me  necesitas. Como hoy para  acompañarte al teatro. Podíamos quedarnos viendo alguna película en la habitación, hacer el amor, dormir. Para mí podía acercarse a lo más soportable. Mi lucha es contemplativa en este mundo.

Abancay, hay Abancay de nuevo en tu cause .Alerta, atento. La misma pareja de mendigos, sancochando su herida al calor de este verano. Verano sofocante. Toda la gente con ropas chirriantes. ¡Aguarda!  Hombres miran de soslayo a  unas estudiantes .Enfermos,  rateros, lúmpenes que me hostigan, que son nuestras sombras  en las calles. Experiencias de robos, la agitación del susto, la sensación de que alguien dirá déjenlo, lárguense. La reacción eterna limeña de pasarse de ladito, como si incluso se le robase el tiempo contemplar el incidente y al miedoso, a la nueva estadística de sensación de inseguridad. Hoy le toca a cierto hombre con camisa a rayas y anteojos gigantes. Ahorcado, casi asfixiado por seguro veinte soles o por un celular de tercera. Ser robado en una cuadra y encontrar tu pertenencia en la otra vendida  por un interés módico. Seguir, alternar pierna derecha, pierna izquierda, no pisar zapatos, sandalias ajenas, extraños zapatos de hule. Algunas calles se aglomeran y los pasos son cortantes. Cuidado con la niña. Si se perdiese la misma indiferencia o el negocio de otro  para llevársela. Tipo de subsistencias. Misma edad de mi hermana, misma sonrisa, espero que no este triste en casa, fuera de Lima, con nuestra melancolía heredada. Choclos, quesos, chichas, postres, tunas, budines y detrás de las mercancías mujeres, siempre mujeres, pocos hombres se atreven a rogar que se les compre, y con ellos niños que juegan en los linderos de la avenida, listos para ser aplastados como una uva por un bus traído de un High School gringo, reciclado y puesto a circulación hace cincuenta años. Que marcha, que corre, que se malogra esporádicamente a la hora perfecta para llegar tarde a cualquier lado.

Molinetes, extraños molinetes, acercarme. Debería comprar uno. No quiero pedir disculpas si me excedí al responderte. No quiero que tus ojos tiendan a hincharse de lágrimas. Somos animales contrarios, tu una águila aventurera, yo una marmota que  ha decidido invernar sea invierno o verano. Pero los Molinetes están bonitos. Giran con el smog de la calle. Los colores que  necesitamos en Lima, el jirón Abancay se las traga. Luego las regurgita, regurgita gente infestada que se junta en los paraderos, o en lectores especialistas de primera plana que no  asumirían comprar un periódico. Los hombres levantan más alto las cabezas que las mujeres en el puesto de periódicos. Arriba, a lo alto revistas porno francesas. ¡Alguien lee en francés en esta calle, especialmente porno!

-Dos molinetes por favor. El amarillo y el verde. Sí el verde fosforescente.

Agua, agua, mojarme la cabeza, en mis cabello largos, cortarme  el cabello, quizás luego la cabeza. Estilistas con escotes amplios, debo venir un día .Muchos cabros, muchos. Que pueden ser en lima. Estilistas o tracas. Un castigo en Perú ser marica. Negro, cabro y pobre; ese si es  el infierno.

Los molinetes no se mueven, no haz brisa, hay como un aire espeso, como una maza flotante que es absorbido, que acrecienta mi asma en invierno. Debería advertirte no quedarte mucho tiempo en estas calles. Siempre me sales con que encuentras de todo, barato, a granel; fascinación económica. Un, dos, un, dos. Detrás de una gorda en ritmo de procesión .Gigante trasero. Fijo mi mirada al ras del suelo, ese trasero tiene algo de magnético. Prestar atención a otra cosa, de inmediato, buscar qué. Cartel: Lectura de tarot. Leerte  las cartas, predecirme cuando nos olvidaremos, cuando  dudemos si así eran nuestros nombres. Por ahora el cuándo  saldré de esta calle. A estas alturas te creo como recompensa. Aquí es pesado extrañarte. Me duele tenerte lejos. Debería detenerme, no es conveniente apresurase. El mundo en Abancay no cuenta tu intención, tiene su propio ciclo, su propio tiempo para atropellar a alguien, para mentarse la madre entre choferes, para arrimarte cuando alguien coge una cartera y se interpone en tu camino.

El celular me vibra, me estás llamando. ¡Ya casi llego amada mía!, no puedo escuchar tus ruegos, si saco el celular me lo arranchan. Voy tan cerca, arrimado a la gente que como yo desea escapar de ambulantes, policías corruptos que hacen operativos coincidentemente en los días que cobramos. Gente vomitada por los buses en los paraderos o tragados a su vez por otros demasiados llenos. Gula microbusera. Sudor, sed, peligro, atención. Mis ojos no están fijos en sus orificios. Deseasen ver por detrás. Tener los ojos como los caracoles. Fijarse si alguien me sigue, si alguien hace una seña con la boca, con los dedos, con los  parpados.  Y No llego a ti. Me paraliza el semáforo que aquí puede estar verde y no sirve para nada porque todos son daltónicos. Para cruzar se salta o se corre. Somos unos artífices, algo de circense tiene nuestros reflejos. Cruzo, te entrego un molinete y en tus manos comienza a girar. Los niños como un tesoro contemplan el juguete, les saco la lengua. Se mortifican. Tenía que vengarme con alguien. Te beso y te pido que escapemos.

 

Riux Naej.

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s